miércoles, 29 de abril de 2020


PRACTIQUEMOS LA ÉTICA DE JESÚS
                                                                        
Cada cultura ha desarrollado un modelo ético propio. Es así que la ética que nos muestra Jesús en el “Sermón del Monte” puede ser tomada como principio universal para las relaciones interpersonales que nos marca las bases para vivir de una manera apropiada en cuanto a nuestras relaciones con el prójimo.

Pero ¿qué es la ética? ÉTICA (del griego ethika, de ethos “comportamiento”) hace referencia a  principios o pautas de la conducta humana. A veces de manera impropia se la llama MORAL (del latin “mores” costumbre ). La ética abarca el conjunto de juicios que la gente hace en lo referente a lo que es correcto o incorrecto, bueno o malo, en las relaciones del ser interior o entre individuos.

ETICA y MORAL no son sinónimos:

# La ética es una serie de PRINCIPIOS; la moral una serie de HECHOS;
# La ética se inclina a la teoría; la moral es la práctica.

Es importante la diferencia, ya que consideramos a Jesús, su vida y su principal discurso (el Sermón del Monte) como una serie de principios que nos lleva a la teoría (ética), que luego lógicamente se transformará en nuestra moral (práctica).

Dependiendo del marco social, la autoridad que se invoca para una buena conducta puede ser la voluntad de una deidad, el modelo de la naturaleza o el dominio de la razón. Cuando la voluntad de una deidad es la autoridad, la obediencia a los mandamientos divinos o a los textos bíblicos supone la pauta de conducta aceptada; si el modelo de autoridad es la naturaleza, la pauta es la conformidad con las cualidades atribuidas a la naturaleza humana. Cuando rige la razón, se espera que la conducta moral resulte del pensamiento racional.

Deducimos de lo anterior que la mejor manera de movernos dentro de la sociedad es siendo guiados por la voluntad de la deidad, ya que pertenece mas a una universalidad que al particular de la naturaleza o la razón. Partiendo desde la fe, nuestra ética como cristianos debe estar sustentada en los “mandamientos de Jesús”: el  Sermón del Monte.

En una sociedad donde cada vez más prevalece el individualismo, como cristianos afirmados en Cristo debemos reflotar una CONCIENCIA ETICA COLECTIVA guiada por el “Gran Maestro”, tal como sucedió durante los primeros trescientos años de la iglesia.

¿Por qué son pertinentes las enseñanzas de Jesús hoy?

Son varias las diferencias que existen entre Jesús y nosotros, entre su contexto y el nuestro; sin embargo, es por este motivo que las enseñanzas de Cristo son extraordinarias, pues trascienden el tiempo, la cultura, el idioma. Nadie podría decir que las enseñanzas de Jesús van en contra de sus creencias.

Toda ética cristiana versa sobre las relaciones personales, de los hombres entre sí y de sus relaciones con Dios. Y las relaciones personales no cambian: amor, odio, honor y lealtad permanecen siempre iguales. Por otro lado la ética de Cristo es una ética SIEMPRE COMUNITARIA; amor, lealtad, perdón, servicio son materia de comunidad, que sólo se ejercitan cuando los hombres se encuentran juntos.

Pedro nos dice que Jesús nos dejó un ejemplo que debemos seguir (1 Pe.2:21).

Jesús y sus normas de conducta

“Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan a vosotros así también haced vosotros con ellos, porque esto es la ley y los profetas” (Mt. 7:12).

Aquí no se trata de ninguna teoría complicada ni difícil de entender. Exige la obediencia de todo el mundo de modo directo. Al ser cumplidas estas palabras, nuestro mundo se convertiría en un paraíso. Sin embargo, la conducta de todos va contra de ellas alguna vez.

“Las enseñanzas éticas de Jesús concuerdan perfectamente con el concepto veterotestamentario de que la ética es inseparable de la soberanía de Dios en la vida de los hombres”. Para los hebreos  Dios era el creador de todo, que los había escogido y redimido de Egipto y podía ser conocido personalmente. Por tanto el israelita debía llevar una vida justa y buena para darle gracias y serle agradable. Además, puesto que Dios es santo, su pueblo se debía esforzar en sr como Él (Lev. 11:44; 19:2).

De esta manera, notamos en Jesús un involucramiento pleno con su cultura, por lo que en ningún momento debemos desligarlo de su propio contexto y crianza apartándolo del judaísmo. Veamos:

A.      Jesús enseñó una ética completamente integrada con su religión. Esto se ve en su más clara expresión en el Gran Mandamiento (Mt. 22:34-40), donde el deber del amor al prójimo no es una adición a la obligación de amar a Dios sin reservas, pero es una implicancia del mismo. Otros ejemplos: ”Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro padre que está en los cielos” (Mt. 5:44-45) o “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mt. 5:9). El término “hijos de” era una expresión familiar para referirse a semejanza de carácter. La misma idea se confirma en el versículo “Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” y en el pasaje correlativo en Lucas: “Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso” (6:36). Si se omite la referencia a Dios en estos pasajes, nos encontraríamos simplemente ante CONSEJOS DE PERFECCIÓN.

Este tipo de enseñanza dada por el Maestro a sus seguidores, debería ser tomada en cuenta por todas las personas, creyentes o no; el problema se encontraría en las exigencias de la misma, muy difíciles de cumplir FUERA DEL CONTEXTO DE LA FE EN CRISTO.

B.      Jesús puso énfasis en la interioridad espiritual y ética. Esto no quiere decir que era indiferente a los actos exteriores de los hombres; por el contrario, sus palabras más duras se dirigen contra aquellos que “predican pero no practican”, a los que “atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres, pero ellos mismos no la quieren mover con sus dedos” (Mt.23:3,4,14,24). Jesús se opuso a la sustitución de cualquier acto ceremonial externo que manifestara la humilde obediencia a Dios y la preocupación amorosa por el prójimo. Por eso acusaba a escribas y fariseos.

Jesús  establece una pauta clara de  las exigencias de la vida centrada en Dios. Quien lee el Evangelio en serio no le queda duda de la estructura general de lo que una vida vivida en el amor obediente encarna. Lo vemos en Jesús; se resume en las Bienaventuranzas. Sus cualidades principales son UN DIOS, LA FE Y EL AMOR CENTRADO. Sus derivaciones son: PUREZA DE CORAZÓN, SINCERIDAD, HUMILDAD, EL PERDON, EL AMOR HACIA LOS ENEMIGOS, LA MISERICORDIA, LA CARIDAD EN EL JUICIO, LA HONESTIDAD EN EL DISCURSO Y LA ACCIÓN, LA PUREZA SEXUAL, PREFERIR LOS TESOROS ESPIRITUALES A LOS MATERIALES, LA COMPASIÓN HACIA EL NECESITADO, LA GENEROSIDAD, ENTREGA DE SERVICIO  TODOS LOS HOMBRES Y LA CONFIANZA INTACTA EN LA BONDAD DE DIOS.

Sin Dios,  ni fe, ni amor, nada de lo anterior se puede lograr; necesitamos el CARÁCTER DE DIOS y movernos en la vida como SU pueblo. LA ETICA CRISTIANA no puede estar basada en otra cosa que no sea el amor. Fue Jesús mismo quien dijo: “Un nuevo mandamiento os doy; que os améis unos a otros como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (jn 13:34).

Debemos con fuerza robustecer la conciencia ética COMUNITARIA para lo cual es imprescindible que entendamos que somos PUEBLO de DIOS, llevando por delante los mandamientos de Jesús como bandera y con la ayuda del Padre,  practicar lo que predicamos.