EL CRISTIANISMO COMO MOVIMIENTO
LA OPCIÓN DEL CRISTO POR LOS
POBRES.
La sencillez de corazón de los
primeros cristianos nos hace ver que ellos tenían una correcta imagen de la extraordinaria
personalidad de Jesús gracias a Su ejemplo, el cual recibieron y transmitieron; dicha imagen los movía llenos
de fe a dar su vida como mártires durante todo el tiempo que duró su
persecución, como sucede hoy día dentro de la cristiandad copta.
En occidente tenemos amplia
libertad de culto, pero estamos lejos de practicar la verdadera doctrina del
Cristo, pues el cristianismo evangélico ha resultado en un sincretismo producto
de la unión de la doctrina de la Iglesia Católica y la Reforma que se ha
alejado del movimiento de fe que inició Jesús con la prioridad de los pobres.
¿Cómo retornar al camino y
mantener la sana doctrina de Jesús? Pues, primeramente, como hombres y mujeres
piadosas, dedicarnos a orar sin cesar, rendir culto a Dios y estudiar la Biblia
profunda y concienzudamente, sosteniendo el ejemplo del Maestro de tener en
mente las Sagradas Escrituras y citarlas cada vez que seamos interpelados para
dar razón de nuestra fe. Y en segundo lugar: vivir de manera coherente con lo
que creemos y predicamos.
Pero, lamentablemente, cuesta
poner en práctica la doctrina de Jesús y día a día la iglesia institución pierde
autoridad y la oportunidad de tener favor con todo el pueblo.
Recordamos que el movimiento de Jesús en sus
inicios fue seguir al que no tenía un lugar donde recostar la cabeza y que mantenía
como constante la preferencia por los marginados y oprimidos; esa preferencia
de Jesús lo llevó al punto de ser Él mismo un marginado. Siguiendo Su ejemplo,
la cristiandad de hoy debería servir y atender, proteger a los pobres. Jesús
dice:
“…Porque
tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui
forastero, y me recogisteis; 36 estuve
desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis
a mí. 37 Entonces
los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te
sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? 38 ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o
desnudo, y te cubrimos? 39 ¿O
cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? 40 Y respondiendo el Rey,
les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis
hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mt.25)
Al igual que en los tiempos de
Jesús, hoy los pobres, marginados y oprimidos en el mundo son una mayoría
considerable, pero los vemos como necesarios para mantener la sociedad cuando
en realidad son una terrible contradicción con la esencia del cristianismo.
¿Será que priorizamos intereses personales o institucionales a la justicia y
misericordia pregonadas con las palabras y obras del Maestro? ¿Será que se ama
más las comodidades que brinda la sociedad?
Uds. tienen la respuesta, pero no se puede negar la realidad sentada frente a la vista de todos: el mensaje que se predica es
uno y la práctica es otra.