domingo, 7 de marzo de 2021

 


LAS DOS CARAS DE LA CRUZ (Parte II)


El éxito del apóstol Pablo


La vida de Pablo fue demostrativa de la vida de cruz; la cruz que testificaba Pablo era su propia experiencia la que añadía a su predicación.


Él no dijo sin temor “con Cristo estoy juntamente crucificado” (Gál. 5:20) y dijo “Pero lejos esté´de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesuristo, por quien el mundo me es crucificado a mí y yo al mundo” (Gál. 6:14).La mansedumbre, paciencia, debilidad, lágrimas, azote, todos éstos han demostrado la vida de cruz. Pablo murió cada día e hizo que la muerte en la cruz obrara en lo profundo de su ser; no tuvo temor a la muerte para que otros pudieran adquirir la vida a través de Él (2 Co. 4:12). Sólo el que muere puede dar la vida. Pero….¿cómo deberíamos morir?


La muerte en la cruz como la muerte del ego y del pecado es mucho más de lo que significa, así como la muerte en cuanto al mundo. El Señor no murió por su propio pecado sino que fue crucificado por otros. La muerte del Señor fue la obediencia en cuanto a la voluntad de Dios y este es el verdadero significado de la muerte; por consiguiente, nosotros no debemos disponernos sólo para morir por el pecado, el ego y el mundo sino morir para obedecer al Señor soportando cada día el rechazo de los pecadores; así, llegaremos a tener la verdadera experiencia de la santidad viendo la muerte de nuestro ego viviendo la vida del camino de la cruz haciendo que el Espíritu Santo obre en lo profundo de nuestro ser.


De muerte a vida.


Morimos en cuanto a la obra del viejo Adán pero vivimos cada día con la mentalidad de la cruz  al tomar la vida que fluye de aquélla: debemos demostrar en nuestra vida cotidiana la mente de Jesús, quien toleró el sufrimiento


En 1 Pedro 2:23 dice:


“Quien cuando le maldecían no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente”.


Pablo demostró a través de su propia vida el significado de la cruz y la vida que hay en el Señor Jesús


“LLevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos” (2 Co.4:10).


Por eso dice que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, más no desesperados; perseguidos, más no desamparados; derribados, pero no destruidos (2 Co. 8:9). Siempre hizo que la muerte de Jesús obre en su vida. Pablo en su predicación rehusó usar todo el talento que humanamente tenía y tomaba en su lugar, la mentalidad y actitud de la cruz. Por eso Dios lo usó de gran manera.


Es necesario que esperemos en el Señor para que Su Palabra nos renueve antes de predicar o anunciar el evangelio. Aunque estamos cuados y perseguidos por falta de tiempo, el Señor igualmente nos puede grabar Su mensaje en nuestro espíritu.


miércoles, 3 de febrero de 2021

LAS DOS CARAS DE LA CRUZ.

El mensaje de Pablo


El tema del que hablaba Pablo fue la cruz del Cristo o el Cristo en la cruz; quizás no descuidemos predicar de la cruz, pero pese a que transmitimos correctamente el mensaje ¿por qué no llega la vida a los oyentes.


El apóstol dice: “y estuve entre vosotros con debilidad y mucho temor y temblor” (1 Co. 2:3); o sea que la característica de los que han sido crucificados es la humildad al considerarse incapaz con el temblor que proviene del temor y debilidad. No obstante, el que es crucificado, da todos los frutos de Gálatas 5: 22-23.


En Gálatas 2:20 dice: “ con Cristo estoy juntamente crucificado” y avanza: “en nuestro señor Jesucristo cada día muero” (1 Co. 15:31). Cada día debemos morir para poder anunciar la cruz, o sea, experimentar la muerte del ego sin la cual no puede fluir de nosotros esa vida lograda en la cruz. Resulta sencillo hablar de la cruz, pero someterse a esa cruz negándose a sí mismo, no es fácil: NO HAY PREDICADOR ADECUADO DEL MENSAJE DE LA CRUZ SI NO HA EXPERIMENTADO EN SU VIDA LA CRUZ.


Continúa diciendo Pablo que no fue con palabras sabias ni persuasivas con las que anunciaba la cruz (1 Co. 2:4). La cruz es la sabiduría de Dios y necedad a los incrédulos, por eso a veces recibimos la burla o murmuraciones al predicar de la cruz en forma correcta.


No debemos caer en la autosuficiencia creyendo que podemos manejar la audiencia con nuestra elocuencia. Y aunque muchos sean conmovidos en el momento por la transmisión de nuestros dichos ¿de qué sirven si nuestros oyentes no adquieren una nueva vida?, nuestro trabajo es en vano.


La cruz que anunciamos no debe ser un simple mensaje, sino que debe moverse a través de nosotros; debe llegar a ser nuestra propia vida y, al predicar de esa manera, podremos transmitir la vida a otros “porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida” (Jn. 6:55).


Debemos suministrar vida. No podemos dar a otro lo que no tenemos; si tenemos la idea es sólo la idea lo que daremos: si no hemos muerto junto a Cristo venciendo el pecado y el ego en nuestra vida cotidiana; si no hemos sufrido a causa de seguir al Señor llevando la cruz; si todos los conocimientos son adquiridos de los hombres sin vivirlos NO PODEMOS TRANSMITIR LA VIDA A OTRO. Sólo podremos predicar la cruz siempre que hayamos sido cambiados por la obra de la cruz recibiendo lo que ella da: la vida.


Generalmente interpretamos la palabra “obrar” (hacer) como hacer todo lo posible llevando a la práctica lo que hemos oído y entendido, pero, sin embargo, la palabra “obrar” en la Biblia no se refiere a lo hecho por nuestro esfuerzo sino por el Espíritu Santo que obra en nosotros a través de la Palabra y esto no es una obra sino la vida. Por lo tanto, uno puede obrar sólo poseyendo la vida. El hecho que hayamos guardado algunas leyes que marca la Biblia, no significa que hayamos hecho lo que la Biblia nos manda a obrar: debemos hacer en compañía del Espíritu Santo, divulgando la vida en otros


(continuará)

 

lunes, 1 de febrero de 2021

 

LAS DOS CARAS DE LA CRUZ.



INTRODUCCIÓN


                          Hoy en día hay muchas predicaciones sobre la cruz, pero pareciera que el mensaje que fluye de la misma cruz se enrarece.


                         Los cristianos conocemos, entendemos y hasta enseñamos sobre el camino de la salvación, el secreto de morir junto a Cristo y de la fe por la cual el poder del Cristo se manifiesta muriendo al pecado y a nuestro ego. Los que hablamos de la cruz del Cristo sentimos que el corazón de los creyentes es tocado por lo que oyen y esperamos ver, en los incrédulos, frutos de vida al anunciar el evangelio y, en los creyentes, un fructífero crecimiento espiritual. Sin embargo, muchas veces el resultado no es el que se espera, pues los creyentes no muestran frutos espirituales, pues todo lo que han oído lo guardan en sus mentes sin llevarlo a la práctica; acumulan los datos de la Palabra pero no son influenciados por ella.


¿Qué es lo que pasó? ¿Cuál es la causa de este resultado? La causa evidente es que lo que predicamos son dichos o ideas, no el poder del Cristo que penetra el corazón de los oyentes. Puede que nuestras palabras sean elocuentes, pero no está presente en nosotros el poder que cambia nuestra vida. Podemos atraer y mantener la atención de los oyentes, pero como el Espíritu Santo no está en nosotros, sólo las palabras salen de nuestros labios pero la vida que vivifica y alimenta a los que oyen no. 


                                   ¿Cuántas veces pensamos que los creyentes entienden el significado y razón de la muerte redentora del Cristo en la cruz? Sin embargo, cuesta ver en ellos la obra de la gracia de Dios hacia una nueva vida.


                               Quizás hasta podamos hablarles acerca de nuestra muerte junto a Cristo en la cruz y, al ser clara la enseñanza, algunos toman la decisión inmediata de morir junto al Cristo para experimentar una vida en contra del pecado, pero pasado el tiempo, es difícil encontrar en ellos la vida abundante.


  Causa angustia ver la insuficiencia del resultado de la prédica de la cruz, por lo que sólo nos queda buscar la luz abundante de Dios y arrodillarnos en humildad, rogando que sea manifiesto el Espíritu Santo junto por la gracia del Señor.

lunes, 5 de octubre de 2020

FUGITIVOS

 Frederick Nietzche escribió una metáfora dolorosa que nos llega hasta hoy: “Dios ha muerto.

“ Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído se ha desangrado bajo nuestros cuchillos: ¿quién limpiará esta sangre de nosotros? ¿Qué agua nos limpiará? ¿Qué rito expiatorio, qué juegos sagrados deberíamos inventar? ¿No es la grandeza de este hecho demasiado grande para nosotros? ¿Debemos aparecer dignos de ella? Nietzsche, La gaya ciencia, sección 125

Dios no ha muerto; no, no lo hemos matado, pero sí observo que lo seguimos hiriendo, ya no con cuchillos sino con extrema y cotidiana hipocresía. La cristiandad está transitando una temblorosa crisis y, por ello, en los tiempos que vivimos se lo toma de manera muy liviana, de tal forma que la mayoría lo tiene como un “seguro de vida eterna”, como una idea, como concepto “cultural”. Se menciona la palabra “Dios” muchas veces en vano, sin respeto, sin amor. Dios ya no interesa por lo que ES sino por lo que pueda dar o cumplir. Interesa como Coordinador del coaching postmoderno, Jesucristo mediante. A veces se lo utiliza como puente para llegar a otras cosas a través del “Dios me dijo” o “siento que…”; deseos propios que, atrevidamente, suelen llamarse “visión”. Y este accionar vuelve insustancial a la fe. Hemos desaprendido a depender de Él, pues en uso de la libertad dada, nos alejamos de su poder, en una muestra de inconsciencia suprema, olvidando que podemos ser libres y, al mismo tiempo, depender de Dios. ¿El infierno, el cielo, la resurrección, vida eterna?. Han pasado a un segundo plano. ¿El infierno? “un estado del alma” donde la persona sufre la privación de Dios, dicen: el cristiano postmoderno está cada día más alejado de la búsqueda vital del conocimiento de Dios mediante Jesucristo.

La vida del mundo actual dado el avance de la tecnología, el internet y las comunicaciones, es muy diferente a la vivida 50 años atrás y no hay tiempo para pensar, creer o reflexionar sobre lo trascendental. La ciencia, como anunció el profeta Daniel ha aumentado (Dn. 12:4). Las exigencias de este tiempo corrompen e hipotecan el alma impidiendo el acercamiento a Dios, de tal manera que el estar congregado en la Iglesia no es garantía para vivir adecuadamente el cristianismo ni  justifica  la falta de crecimiento espiritual y, por lo tanto, el alejamiento de Él.

¿Por qué se da ese alejamiento que hiere el corazón de Dios? ¿Por qué nos cuesta vivir como peregrinos en esta tierra, con la principal ocupación de adorar a Dios? Pues porque nuestro ser interior no está inclinado ni rendido de manera COMPLETA al Todopoderoso; porque tenemos inmensas dudas, porque nos gusta la comodidad. Nos ocupamos más de los bienes terrenales que de la bondad y sus obras; somos en gran mayoría, cristianos nominales; no señalo hombres o mujeres en  particular, ya que muchos/as se están levantando de sus sillas para salir de los templos, al descubrir la hipocresía y el espíritu corporativo del  liderazgo que muestra la falta de coherencia entre lo que se dice y se practica.

La mayoría de las instituciones eclesiásticas tienen sus propias ambiciones y luchan por los dominios colectivo y dogmático. Y, así, debilitan la espiritualidad o, cuanto menos, la sujetan a su ánimo de conquista imperialista. En su mayoría no representan el ejemplo del Cristo ni la práctica del Sermón del Monte. Y las víctimas, como trofeos de caza, son los creyentes.

Los pocos que perciben la crisis fugan o se distancian o muestran desinterés cada día más de las instituciones eclesiásticas y quedan desparramados como ovejas sin pastor, sin guía, conformando los cristianos fugitivos del siglo XXI.

El Señor Jesús caminó entre los hombres y mujeres de su tiempo siguiendo la voluntad del Padre, sanó enfermos, hizo milagros, anunció el reino, los hizo libres del pecado y dio su vida por ello. Volvamos a esa pura doctrina de Cristo y mostremos un auténtico interés en Dios como Jesús lo hizo. 

Vayamos a aquellos que han dejado la iglesia pero mostrando que le buscamos con ansia y temor en todo momento, orando sin cesar, tal como Jesús lo hizo.  Todos deben ver que somos UNO con Él, de manera que podamos decir ·Yo y el Padre somos uno” (Jn 10:30) y, así, los cristianos fugitivos retornarán a las filas del remanente. 

Por el amor a Dios y Su Hijo, debemos reaccionar: !!Nuestros hechos deben proclamar a Dios!!! vivamos como cristianos verdaderos, día a día, haciendo la voluntad del Padre. 

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. (Mateo 7:21)


miércoles, 22 de julio de 2020


EL CRISTIANISMO COMO MOVIMIENTO
LA OPCIÓN DEL CRISTO POR LOS POBRES.

La sencillez de corazón de los primeros cristianos nos hace ver que ellos tenían una correcta imagen de la extraordinaria personalidad de Jesús gracias a Su ejemplo, el cual recibieron y  transmitieron; dicha imagen los movía llenos de fe a dar su vida como mártires durante todo el tiempo que duró su persecución, como sucede hoy día dentro de la cristiandad copta.
En occidente tenemos amplia libertad de culto, pero estamos lejos de practicar la verdadera doctrina del Cristo, pues el cristianismo evangélico ha resultado en un sincretismo producto de la unión de la doctrina de la Iglesia Católica y la Reforma que se ha alejado del movimiento de fe que inició Jesús con la prioridad de los pobres.
¿Cómo retornar al camino y mantener la sana doctrina de Jesús? Pues, primeramente, como hombres y mujeres piadosas, dedicarnos a orar sin cesar, rendir culto a Dios y estudiar la Biblia profunda y concienzudamente, sosteniendo el ejemplo del Maestro de tener en mente las Sagradas Escrituras y citarlas cada vez que seamos interpelados para dar razón de nuestra fe. Y en segundo lugar: vivir de manera coherente con lo que creemos y predicamos.
Pero, lamentablemente, cuesta poner en práctica la doctrina de Jesús y día a día la iglesia institución pierde autoridad y la oportunidad de tener favor con todo el pueblo.
Recordamos que el movimiento de Jesús en sus inicios fue seguir al que no tenía un lugar donde recostar la cabeza y que mantenía como constante la preferencia por los marginados y oprimidos; esa preferencia de Jesús lo llevó al punto de ser Él mismo un marginado. Siguiendo Su ejemplo, la cristiandad de hoy debería servir y atender, proteger a los pobres. Jesús dice:

“…Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; 36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 37 Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? 38 ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? 39 ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? 40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mt.25)

Al igual que en los tiempos de Jesús, hoy los pobres, marginados y oprimidos en el mundo son una mayoría considerable, pero los vemos como necesarios para mantener la sociedad cuando en realidad son una terrible contradicción con la esencia del cristianismo. ¿Será que priorizamos intereses personales o institucionales a la justicia y misericordia pregonadas con las palabras y obras del Maestro? ¿Será que se ama más las comodidades que brinda la sociedad?

Uds. tienen la respuesta, pero no se puede negar la realidad sentada frente a la vista de todos: el mensaje que se predica es uno y la práctica es otra. 


"Ten cuidado de tí mismo y de la doctrina, persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a tí mmiso y a los que te oyeren" (1 Ti. 4:16)


sábado, 11 de julio de 2020


EL CRISTIANISMO COMO MOVIMIENTO

LA PURA DOCTRINA DE CRISTO.

(Segunda Parte)

En este siglo debemos acentuar la necesidad de predicar de palabra y en hechos el Evangelio de Paz, presentar al Cristo, con su mensaje  tal como Él lo predicó;  reafirmar que el cristianismo evangélico es un MOVIMIENTO espiritual y no una institución sustentadora de la opresión, la marginalidad, la injusticia.

El movimiento espiritual que Jesús inició dio vida a las comunidades de fe que hoy conocemos pero que, en su mayoría, están lejos del ejemplo que dejaron nuestros primeros hermanos (Hch. 2:42). Desde aquel entones la doctrina originaria del Cristo ha sido reinterpretada en distintas épocas y por distintas comunidades hasta la actualidad con sus variadas consecuencias y deformaciones. 

Creo que  debemos regresar mansamente a las fuentes originarias valorando primeramente las enseñanzas y dichos de Jesús y luego las interpretaciones y doctrinas que le siguieron hasta la actualidad, para ver si se compadecen con las palabras del Maestro, y si no lo hacen darlo a conocer y combatir de manera radical las falsas doctrinas. Para esta tarea tenemos al Espíritu Santo:

“Y en cuanto a vosotros, la unción que recibisteis de El permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; pero así como su unción os enseña acerca de todas las cosas, y es verdadera y no mentira, y así como os ha enseñado, permanecéis en El” (1 Jn. 2:27)

Jesús era judío y como tal observaba y amaba la ley de la misma manera que lo hacían María y José (Lc. 2:22; 42-28).

 No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido”.(Mt. 5:17-20)

 Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Dt. 6:4)

Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”. (Jn. 17:3).

Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?  Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento.  Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” (Mt. 22:36-40)

Y todo lo anterior coronado por el Sermón del Monte (Mt. 5 y concs.)

Hasta aquí, para mí, la PURA DOCTRINA DEL SEÑOR JESÚS. Cualquier práctica o mensaje que se aleje de ella o la recubra, no representa el mensaje del Cristo en quien tenemos esperanza.

jueves, 25 de junio de 2020


EL CRISTIANO Y LA POLITICA

La política y el Evangelio son dos caras complejas de una misma moneda, dos respuestas frente a la pérdida de identidad de nuestra sociedad que pretenden, cada una a su manera, transformar, cambiar, la mentalidad y, por ende las prácticas sociales. Y sea cual sea la cara en que nos ubiquemos, siempre estaremos en relación directa con experiencias vividas en el ámbito social. Entonces ¿cuál es la respuesta que debiera dar la iglesia cristiana evangélica ante los conflictos sociales?; ¿puede un cristiano intervenir en política? ¿No debiera el cristiano junto a su iglesia ocuparse únicamente de la salvación de las almas y abstenerse de participar en cuestiones económicas, sociales y políticas?

Aquí debemos hacer una distinción. Un cristiano comprometido con el Evangelio de Paz (ordenado al servicio ministerial de Dios a tiempo completo) no puede intervenir en cuestiones políticas, sociales o económicas -salvo, claro está, que renuncie al ministerio eclesiástico-, ni apoyar una opción partidaria ya que su vida está al servicio de la iglesia y de Dios; tampoco debería hablar públicamente de aquéllas bajo el riesgo de causar división entre los fieles ni guardar silencio ante situaciones de injusticia y opresión. Solo debe pregonar el Evangelio a través de seguir a Cristo con su vida.

Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo (Filipenses 3:8)

Sin embargo, un cristiano no ordenado sí puede identificarse y militar en un partido político según su conciencia y prestar un servicio a Dios a través de las actividades que desarrolle con su militancia partidaria o en el gobierno.

La falta de distinción anterior y la ignorancia sobre las Escrituras ha llevado a que cristianos ordenados aceptaran participar en partidos políticos o asumieran funciones directivas en un determinado gobierno manteniendo al mismo tiempo su función pastoral en la iglesia, olvidando, así, la enseñanza del Maestro

Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo (Jn. 6:15)

Si la iglesia y sus guías luchan pacíficamente contra los poderes políticos y económicos que oprimen al hombre y su espíritu, la participación política de los consagrados al ministerio, rompe el equilibrio entre el poder espiritual y el temporal causando daño irreparable al descuidar las ovejas. Nadie puede servir a dos amos.

Pero volvamos a los cristianos que sí pueden participar en política. En este siglo XXI se ha avanzado en las maneras de participación civil en la cosa pública y hoy todos, cristianos o no, pueden contribuir a determinar el rumbo que se le quiera imprimir a la sociedad; sin embargo, aquellos con conciencia cristiana tienen una responsabilidad mayor en todos los niveles, para influir conforme los altos valores de dicha conciencia, en este orden temporal, por lo cual el cristiano debe participar en actividades económicas, políticas, sociales y culturales promoviendo la justicia, la paz, la igualdad, etc. Es que nos encontramos ante un proceso cultural globalizado altamente conflictivo y, en algunos casos insensible ante ataques a la vida; por lo tanto, no podemos tomar el rol de simples espectadores: si no participamos activamente como “sal y luz” ésta y las futuras generaciones serán guiadas hacia condiciones de vida cada vez más inhumanas. Ahora bien, para participar hay que elegir entre las plataformas políticas que sean compatibles con la fe y moral cristianas y no todas lo son ni tienen el mismo valor. He aquí la importancia de ser “sal y luz”: tenemos la obligación generar actividades dentro del contexto que nos toca diariamente vivir a fin de pronunciar juicios sobre las realidades económicas, sociales y políticas según nuestra fe y ética cristianas; vayan como ejemplo el proyecto de ley en materia de aborto que atenta contra el derecho a la vida desde la concepción, o la lucha contra las modernas formas de esclavitud como la trata de blanca, la narcocriminalidad, la prostitución.

El cristiano, reitero y concluyo, debe participar en política pero manteniendo siempre como norte la “regla de oro”

“Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también hace vosotros con ellos; porque estos es la ley y los profetas” (Mateo 7:12)

 y esto no es fácil, ya que en muchas ocasiones no se ha actuado a favor de los pobres y oprimidos manteniendo el “status quo” y la injusticia al participar en gobiernos o partidos políticos puestos claramente del lado de los opresores. Dios no aprueba un sistema jurídico injusto

Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis;  pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores” (Sgo. 2:8-9)
“No harás injusticia en el juicio; ni complaciendo al pobre, ni favoreciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo” (Lv. 19:15)

Por eso, al momento de apoyar a un determinado partido político debemos valorar si estamos poniendo en práctica la cosmovisión correcta o si somos herramientas de componendas políticas para arrastrar al pueblo de Dios a batallas públicas que pueden comprometer la naturaleza del Evangelio  y al pueblo de Dios.

“Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto”. (Ro.12:2)