lunes, 22 de septiembre de 2014

FARISEISMO O COHERENCIA (O.J.Reyes)

                                             Dentro de las iglesias cristianas evangélicas, en estos últimos tiempos ha surgido con empuje una nueva forma de comunicación con lo trascendente basada en la pérdida de la individualidad  y tendiente al crecimiento numérico, merced a una educación bíblica que no pasa de lo básico. Ante la pérdida de seriedad, autoconciencia y reflexión personal en la búsqueda sincera de Dios, resulta sencillo para el creyente adoptar, sin escudriñar las Escrituras, los que otros pretenden inculcar. Es como si no se quisiera hacer uso de la libertad que el Señor dio para, mediante el estudio de la Biblia, individual y comunitariamente, ir creciendo firmemente en el ejercicio de la piedad, la meditaciòn y la reflexiòn sobre el plan salvador de Dios y su transmisión merced a la vida y obra de Jesucristo, Señor y Salvador.
Las circunstancias apuntadas me llevan a analizar si la propia manera de vivir y pensar de un cristiano es coherente con el espíritu de las enseñanzas de Jesús o está basada en la simulación; el facilismo, la falta de esfuerzo personal en inquirir las Sagradas Escrituras pueden acercarnos, concientemente o no, a la hipocrecía.
LA HIPOCRECIA EN EL MUNDO.
Confrontar la conducta con los pensamientos, de por sí lleva un gran esfuerzo y ni hablar de los sentimientos volcados en palabras y hechos. Es una labor que desafía a etiquetar la existencia, don de Dios, como "COHERENTE" o "INCOHERENTE". Ya desde la generalidad el intentar establecer si se es o se ha sido coherente, lleva a descubrir o el fracaso en el diario vivir o la plena satisfacción de haber entregado los días vividos en pos de la armonía entre el pensar y el actuar; entre la manifestacion verbal de un pensamiento y el hecho que lo afirme: en definitiva, esta tarea del pensar lleva a descubrir el valor de la COHERENCIA. Hay veces en que lo que se hace no siempre coincide con lo que se piensa; para esa actitud existe el término HIPOCRECIA e HIPOCRITA para quien la practica, tal como el Señor Jesús llamó a los escribas y fariseos (Mateo 23).
Se dice que los griegos tomaron la palabra "hipokrites", que en general significaba "actor teatral", para traducir la palabra hebrea "sin Dios", "infiel"; por lo tanto QUIEN DICE SER SEGUIDOR DE CRISTO Y NO ACTUA CONFORME SUS MANDATOS ES UN INFIEL.
La hipocrecía, dualidad del carácter humano, es una pandemia ética de la post-modernidad, ya sea que el que lo es lo sea cabalmente, sin engañarse a sí mismo, o no lo sepa y actúe creyendo que es sincero. La literatura de todos los tiempos la ha descripto de cuerpo entero. Voltaire mostró en sus escritos aversión hacia la hipocrecía del cristianismo; el escritor y humorista estadounidense Samuel Langhorne Clemens (Marx Twain), mostró un profundo odio a la hipocrecía y la opresión; Lewia Carrol, autor inglés, presentó a Alicia en "Alicia en el País de las Maravillas" como el primer personaje de la literatura infantil que entrevió la hipocrecía en el mundo de los adultos; Manuel Tamayo y Baus, uno de los principales autores españoles del siglo XIX, ataca la hipocrecía e inmoralidad de la sociedad de su época a través de sus comedias "Lo positivo" (1861), "La bola de nieve" (1865), "Lances de honor" (1867) y "Los hombres de bien" (1870). Tomás Eloy Martínez, escritor y periodista argentino, quien en el año 2002 recibió el Premio Alfaguara de Novela por su obra "El vuelo de la reina", narra una historia de amor y traición que se desarrolla en un mundo de corrupción e hipocrecía, mostrando la falta de coherencia interior, resaltando un conflicto básico de la naturaleza humana.
Pintada ya la hipocrecía, tengamos presente que es la COHERENCIA de nuestra vida la que nos aleja o acerca a Dios. Si se vivió teniendo como centro de los hechos y pensamientos a Jesucristo, se estará  frente a una persona sincera, limpia de corazón; de igual manera pasará si las palabras que expresan sentimientos, son afirmadas en acciones; lo contrario, en ambos casos, llevará al terreno de la hipocrecía y, entonces, estaremos ante una persona que engaña, que miente, que simula. Se dice que el hipócrita finge o aparente lo que no es o lo que no siente.
En el diario vivir vemos personas que dicen pensar de una manera pero viven contrariando sus pensamientos y hasta tienen afectos legítimos que no se corresponden con sus propios hechos. No son coherentes.
La hipocrecía ha asesinado a la coherencia para dar nacimiento a la mentira sistematizada. La muerte de la coherencia lleva al hombre a hablar mucho para justificar la mentira de sus dichos. Palabra tras palabra, justificación tras justificación. Sin coherencia no hay valentía individual ni social para declarar la verdad y, así, los hombres y los gobiernos se vuelven cobardes de cobardes de conciencias cauterizadas. Hoy nadie podría discutir la afirmación que a los países ricos poco les importa la muerte de miles de niños en Africa o la muerte de civiles en Irak o Palestina, o que los Derechos Humanos en la práctica son para algunos humanos (véase en esta misma página artículos publicados en el bloque sobre "DERECHOS HUMANOS"). Así, en este sentido, la Declaración Universal de Derechos Humanos (ONU, año 1948) junto a otras debídamente consensuadas en otros organismos internacionales, es en realidad la hipocrecía documentada.
En el mundo actual, nada queda fuera a salvo de la hipocrecía: las relaciones personales, los acuerdos en los gobiernos, las leyes, etc. Mire donde quiera y verá simulación, engaño y mentira por doquier. Gobiernos...personas...son incoherentes, esclavos de la hipocrecía. ¿A que se debe este lamentable estado? Pues a que el hombre NO AMA A DIOS COMO DEBIERA ni mucho menos le conoce; habla de El, algunos recitan las citas divinas y le rinde culto, pero actúa como si no lo hubiera. En el caso de algunos cristianos inmersos inmersos en el mundo, dejan de lado la vida eterna: "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a tí, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien has enviado" (San Juan 17:3)

A HIPOCRECIA EN LA IGLESIA.
La si,ulación de virtud o devoción, la hipocrecía religiosa, es la actitud que despierta mayor aversión, pues no hay circunstancia alguna que obligue a alguien en público o en privado a simular su devoción a Dios. El hombre ha sido creado por Dios para hablar la verdad, sin embargo, tras un largo y paciente ejercicio de años "...acostumbraron a su lengua a hablar mentira ...(Je. 9:5)
 El hombre que dice ser seguidor de Cristo, pretenso observador de la Biblia, pasa de su fuero interior, estrictamente privado, al exterior cuando manifiesta a través de actos litúrgicos su supuesta devociòn;  si lo hace hipócritamente se opone a Dios. Quizás manifieste un compromiso religioso y moral, pero esto no es suficiente para que sea considerado cristiano, dado que en realidad, necesita entregar su vida en pos de Dios a través de Jesucristo; necesita mostrar coherencia entre su propia vida y lo que profesa, pues sólo conoce la verdad el que la practica, el que obra justicia. Todo aquel que así no lo haga y se limite a repetir verbalmente  la experiencia religiosa, ética o reflexiones de otro y no las propias, es un hipócrita verdadero, dado que copia la manera de vivir y hablar de otro sin saber si es lo correcto. ¡Qué tamaño engaño! Hace lo que otros hacen o dice lo que otros dicen, porque cree que está bien porque así ha sido enseñado sin sentarse a analizar si lo que está recibiendo está bien. Olvida la obligación de escudriñar "...cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así..." (Hch. 17:11) dependiendo, así, entera y exclusivamente del Espíritu del Dios vivo.
Sentado lo anterior, cabe aclarar que la situación apuntada no se dio ni se da en todo el pueblo de Dios sino, y con excepciones, en la jerarquía eclesiástica, responsable de edificar a las almas. Esta "enfermedad silenciosa" ya viene de la época de Jesucristo quien criticó a los escribas y fariseos porque, entre sus muchos defectos ("por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocrecía e iniquidad" -Mt-23:28) encontramos ceguera ante sus propias faltas (Mt. 7:5), ante las obras de Dios (Lc. 12:56), ante el verdadero sentido de los valores (Lc. 13:15), una excesiva valoración de la tradición humana (Mt. 15:7; 7:6) y una completa ignorancia de las demandas de Dios (Mt. 23:14-15, 25 y 29). El Señor Jesús resistió en su tiempo a la jerarquía religiosa por ser mal formadora de la relación hombre-Dios y nosotros debemos hacer lo mismo.
Como vemos en los Evangelios, el pueblo no era autosuficiente ni hipócrita, sino que era pobre y necesitado del diálogo con Dios para discernir el sentido de la vida y de la muerte y tener paz. Precisaba de la salvación a través de un mediador que fuera la antítesis de lo que representaban los fariseos: Jesús, el Señor, el saber de Dios humilde, sincero y misericordioso que reafirma la dignidad del hombre hecho a imagen y semejanza del Padre de Gloria.
Y esa antigua contraposición entre fariseos y el Señor Jesús, entre la hipocrecía y la coherencia, sigue viva hoy día como unidad histórica, religiosa y cultura, especialmente en lo que hace a los valores.
Sudamérica  ha sufrido un transplante ,para bien o para mal, de distintos valores cubiertos, algunos de ellos, de un barniz bíblico mezclados con la sangre del Cordero. Y ese proceso continúa, lamentablemente, a través de la mediación de algunos hipócritas y desarraigados del Reino, que tratan de cambiar el fundamento, el cual es Jesucristo (1 Co. 3:11), por la "doctrina" o "método" personales o importados de otras latitudes.
Hoy el Maestro no está físicamente pero Dios ha dejado escrito cómo debemos portarnos en estas circunstancias: la primera epístola a Timoteo, describe el peligro que supondrán los falsos doctores.
"Pero el Espíritu dice claramente, que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios (enseñadas) por la hipocrecía de mentirosos que teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad" (1 Timoteo 4:1-3)
Estas palabras inspiradas en el Espíritu de Dios, dicen claramente que muchos se apartarán definitivamente de la doctrina cristiana. Y hoy es cuando.
"Pablo atribuye la causa de esta apostasía a que los aludidos en el pronombre indefinido "algunos" están escuchando (participio del presente), o más literalmente, se están adhiriendo (el mismo verbo de 1:4 y 3:8) a espíritus engañadores (compárese con 1 Juan 1:4-6) y a doctrinas de demonios. No se trata de dos agencias distintas del error, sino a una sola y pone de relieve la primera fase, la enseñanza, y la segunda, los maestros del error, ya que, en último término, los falsos doctores humanos, enseñan doctrinas inspiradas por los demonios (Comp. con Ef. 6:11-12)" -Comentario Bíblico de Matheu Henry, Obra completa sin abreviar, Ed. 1999, Clie).
Es decir que a través de la enseñanza brindada por "falsos doctores humanos", muchos llegan a perderse por seguir sus mentiras. Acá vemos que lo más importante es reforzar las enseñanzas bíblicas, la sana doctrina. No se trata de evangelizar y lograr el mayor número de seguidores, sino de formarlos, "edificarlos en Cristo".
Estamos viviendo en la época descripta en la Primera Epístola de Timoteo, ya citada anteriormente. Observen, escuchen con atención y verán cuantas nuevas estrategias se van presentando, cuántas lindas voces convencen que esto o aquello es lo mejor; cuántos apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros ponen el acento en SUS MINISTERIOS y NO EN LA EDIFICACION de los creyentes. Son, como en la época de Cristo, HIPOCRITAS QUE FORMAN HIPOCRITAS.
SOLO LA GRACIA DE DIOS
Jesús, el Cristo, en todos los tiempos ha guardado a Su Iglesia. Estemos atentos examinando todo. No hay recetas para el crecimiento de la Iglesia, pues es el Espíritu Santo el que lo da, no métodos de hombre. Todo lo que Dios hace y hará es sólo para su Gloria.
Deseamos comunidades de fe firmes en el Señor Jesucristo, de manera que cuando aparecen nuevos vientos de doctrina o conflictos no olviden que los primeros cristianos "vendían sus propiedades y sus bienes y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánime cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos, con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y teniendo favor con todo el pueblo..." (Hch. 2:45-47), recordando además que los apostoles ante el número de crecimiento de los discípulos "...dijeron: no es justo que nosotros dejemos la Palabra de Dios para servir a las mesas...nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra..." (Hch. 6:2 y 4). 
Volvamos a las fuentes puras: los cristianos perseverando únicamente en el templo y los pastores dedicados UNICAMENTE  a la oración y al ministerio de la Palabra y, seguramente, en comunidades de fe así constituídas, no habrá lugar para la hipocrecía.
Recordemos que lo importante SIEMPRE es Cristo, quien contextualizó su palabra en su propia vida para que viéramos el amor de Dios por cada uno de nosotros, comunicado por el Espíritu Santo en nuestros corazones recibiendo la capacidad de participar en su vida divina, liberados del pecado que ante nos dominaba.
Ser miembros de una Iglesia Cristiana no quita la libertad para hacer el bien o el mal y de hecho, con frecuencia, ofendemos a Dios y somos, en consecuencia, incoherentes con lo que profesamos. Eso es escándalo pero no representa LA VERDAD, sino la verdad sobre nosotros mismos; aunque la hipocrecía o la incoherencia toque nuestras vidas, podemos lograr una vida de fe mejor, mucho mejor, pero no lo será por nuestros méritos sino por la gracia de Dios.
Fallamos en nuestro compromiso con Dios y debemos arrepentirnos por ello, pero también y al mismo tiempo esforzarnos en "examinar" e "inquirir" diligentemente las Escrituras para constatar si las doctrinas o enseñanzas que se reciben tienen como fundamento la Palabra de Dios o algún "método de éxito para ganar al mundo", pero sin olvidar que somos hombre débiles expuestos a las fuerzas del mundo, la carne y el demonio, donde la santidad dependerá de la apertura de cada corazón a la gracia de Dios.
  
CITAS BIBLICAS.
HIPOCRITAS (En Valera "IMPIOS")
SE LOS DESCRIBE COMO

mezquinos, Isaías 32:6; ciegos por su propia voluntad, Mateo 23:17,19,26; jactanciosos de su propia justicia, Isaías 65:5, Lucas 18:11; avaros, Ezequiel 33:31, 2 Pedro 2:3; amigos de hacer ostentación Mateo 6:2, 5, 16, 23:5; murmuradores, Mateo 7:3,5; acatrando la tradición más que la Palabra de Dios, Mateo 15:1-3; muy escrupulosos en cuanto a las cosas insignificantes, pero descuidados en cuanto a las más importantes, Mateo 23:23,24; que tienen solo apariencia de piedad, 2 Timoteo 3:5; que se afanan solo por la pureza exterior, Lucas 11,39; que profesan pero no practican, Ezequiel 33:31,32, Romanos 2:17,23; que rinden sólo el culto de los labios, Isaías 29:13; que se glorían sólo en apariencias, 2 Corintio 5:12; que confían demasiado en los privilegios que gozan, Jeremías 7:4; celosos en apariencia en cuanto a las cosas de Dios, Isaías 58:2; en hacer prosélitos, Mateo 23:15; que devoran las casas de las viudas, Mateo 23:14; anhelan puestos altos, Mateo 23:6-7; dañan a otros con sus calumnias, Proverbios 11:9; cuando están en el poder sirven de escándalo, Job 34:30; en la apostasía abundarán, 1 Timoteo 4:2

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