LAS DOS CARAS DE LA CRUZ (Parte II)
El éxito del apóstol Pablo
La vida de Pablo fue demostrativa de la vida de cruz; la cruz que testificaba Pablo era su propia experiencia la que añadía a su predicación.
Él no dijo sin temor “con Cristo estoy juntamente crucificado” (Gál. 5:20) y dijo “Pero lejos esté´de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesuristo, por quien el mundo me es crucificado a mí y yo al mundo” (Gál. 6:14).La mansedumbre, paciencia, debilidad, lágrimas, azote, todos éstos han demostrado la vida de cruz. Pablo murió cada día e hizo que la muerte en la cruz obrara en lo profundo de su ser; no tuvo temor a la muerte para que otros pudieran adquirir la vida a través de Él (2 Co. 4:12). Sólo el que muere puede dar la vida. Pero….¿cómo deberíamos morir?
La muerte en la cruz como la muerte del ego y del pecado es mucho más de lo que significa, así como la muerte en cuanto al mundo. El Señor no murió por su propio pecado sino que fue crucificado por otros. La muerte del Señor fue la obediencia en cuanto a la voluntad de Dios y este es el verdadero significado de la muerte; por consiguiente, nosotros no debemos disponernos sólo para morir por el pecado, el ego y el mundo sino morir para obedecer al Señor soportando cada día el rechazo de los pecadores; así, llegaremos a tener la verdadera experiencia de la santidad viendo la muerte de nuestro ego viviendo la vida del camino de la cruz haciendo que el Espíritu Santo obre en lo profundo de nuestro ser.
De muerte a vida.
Morimos en cuanto a la obra del viejo Adán pero vivimos cada día con la mentalidad de la cruz al tomar la vida que fluye de aquélla: debemos demostrar en nuestra vida cotidiana la mente de Jesús, quien toleró el sufrimiento
En 1 Pedro 2:23 dice:
“Quien cuando le maldecían no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente”.
Pablo demostró a través de su propia vida el significado de la cruz y la vida que hay en el Señor Jesús
“LLevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos” (2 Co.4:10).
Por eso dice que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, más no desesperados; perseguidos, más no desamparados; derribados, pero no destruidos (2 Co. 8:9). Siempre hizo que la muerte de Jesús obre en su vida. Pablo en su predicación rehusó usar todo el talento que humanamente tenía y tomaba en su lugar, la mentalidad y actitud de la cruz. Por eso Dios lo usó de gran manera.
Es necesario que esperemos en el Señor para que Su Palabra nos renueve antes de predicar o anunciar el evangelio. Aunque estamos cuados y perseguidos por falta de tiempo, el Señor igualmente nos puede grabar Su mensaje en nuestro espíritu.