FARISEISMO O
COHERENCIA (O.J.Reyes)
Dentro de las iglesias cristianas
evangélicas, en estos últimos tiempos ha surgido con empuje una nueva forma de
comunicación con lo trascendente basada en la pérdida de la individualidad
y tendiente al crecimiento numérico, merced a una educación bíblica que
no pasa de lo básico. Ante la pérdida de seriedad, autoconciencia y
reflexión personal en la búsqueda sincera de Dios, resulta sencillo para el
creyente adoptar, sin escudriñar las Escrituras, los que otros pretenden
inculcar. Es como si no se quisiera hacer uso de la libertad que el Señor dio
para, mediante el estudio de la Biblia, individual y comunitariamente, ir
creciendo firmemente en el ejercicio de la piedad, la meditaciòn y la reflexiòn
sobre el plan salvador de Dios y su transmisión merced a la vida y obra de
Jesucristo, Señor y Salvador.
Las circunstancias apuntadas me
llevan a analizar si la propia manera de vivir y pensar de un cristiano es
coherente con el espíritu de las enseñanzas de Jesús o está basada en la
simulación; el facilismo, la falta de esfuerzo personal en inquirir las
Sagradas Escrituras pueden acercarnos, concientemente o no, a la hipocrecía.
LA HIPOCRECIA EN EL MUNDO.
Confrontar la conducta con los
pensamientos, de por sí lleva un gran esfuerzo y ni hablar de los sentimientos
volcados en palabras y hechos. Es una labor que desafía a etiquetar la
existencia, don de Dios, como "COHERENTE" o "INCOHERENTE".
Ya desde la generalidad el intentar establecer si se es o se ha sido coherente,
lleva a descubrir o el fracaso en el diario vivir o la plena satisfacción de
haber entregado los días vividos en pos de la armonía entre el pensar y el
actuar; entre la manifestacion verbal de un pensamiento y el hecho que lo
afirme: en definitiva, esta tarea del pensar lleva a descubrir el valor de la
COHERENCIA. Hay veces en que lo que se hace no siempre coincide con lo que se
piensa; para esa actitud existe el término HIPOCRECIA e HIPOCRITA para quien la
practica, tal como el Señor Jesús llamó a los escribas y fariseos (Mateo 23).
Se dice que los griegos tomaron la
palabra "hipokrites", que en general significaba "actor
teatral", para traducir la palabra hebrea "sin Dios",
"infiel"; por lo tanto QUIEN DICE SER SEGUIDOR DE CRISTO Y NO ACTUA
CONFORME SUS MANDATOS ES UN INFIEL.
La hipocrecía, dualidad del carácter
humano, es una pandemia ética de la post-modernidad, ya sea que el que lo es lo
sea cabalmente, sin engañarse a sí mismo, o no lo sepa y actúe creyendo que es
sincero. La literatura de todos los tiempos la ha descripto de cuerpo entero.
Voltaire mostró en sus escritos aversión hacia la hipocrecía del cristianismo;
el escritor y humorista estadounidense Samuel Langhorne Clemens (Marx Twain),
mostró un profundo odio a la hipocrecía y la opresión; Lewia Carrol, autor
inglés, presentó a Alicia en "Alicia en el País de las Maravillas"
como el primer personaje de la literatura infantil que entrevió la hipocrecía
en el mundo de los adultos; Manuel Tamayo y Baus, uno de los principales
autores españoles del siglo XIX, ataca la hipocrecía e inmoralidad de la
sociedad de su época a través de sus comedias "Lo positivo" (1861),
"La bola de nieve" (1865), "Lances de honor" (1867) y
"Los hombres de bien" (1870). Tomás Eloy Martínez, escritor y
periodista argentino, quien en el año 2002 recibió el Premio Alfaguara de
Novela por su obra "El vuelo de la reina", narra una historia de amor
y traición que se desarrolla en un mundo de corrupción e hipocrecía, mostrando
la falta de coherencia interior, resaltando un conflicto básico de la
naturaleza humana.
Pintada ya la hipocrecía, tengamos
presente que es la COHERENCIA de nuestra vida la que nos aleja o acerca a Dios.
Si se vivió teniendo como centro de los hechos y pensamientos a Jesucristo, se
estará frente a una persona sincera, limpia de corazón; de igual manera pasará
si las palabras que expresan sentimientos, son afirmadas en acciones; lo
contrario, en ambos casos, llevará al terreno de la hipocrecía y, entonces,
estaremos ante una persona que engaña, que miente, que simula. Se dice que el
hipócrita finge o aparente lo que no es o lo que no siente.
En el diario vivir vemos personas que
dicen pensar de una manera pero viven contrariando sus pensamientos y hasta
tienen afectos legítimos que no se corresponden con sus propios hechos. No son
coherentes.
La hipocrecía ha asesinado a la
coherencia para dar nacimiento a la mentira sistematizada. La muerte de la
coherencia lleva al hombre a hablar mucho para justificar la mentira de sus
dichos. Palabra tras palabra, justificación tras justificación. Sin coherencia
no hay valentía individual ni social para declarar la verdad y, así, los
hombres y los gobiernos se vuelven cobardes de cobardes de conciencias
cauterizadas. Hoy nadie podría discutir la afirmación que a los países ricos
poco les importa la muerte de miles de niños en Africa o la muerte de civiles
en Irak o Palestina, o que los Derechos Humanos en la práctica son para algunos
humanos (véase en esta misma página artículos publicados en el bloque sobre
"DERECHOS HUMANOS"). Así, en este sentido, la Declaración Universal
de Derechos Humanos (ONU, año 1948) junto a otras debídamente consensuadas en
otros organismos internacionales, es en realidad la hipocrecía documentada.
En el mundo actual, nada queda fuera
a salvo de la hipocrecía: las relaciones personales, los acuerdos en los
gobiernos, las leyes, etc. Mire donde quiera y verá simulación, engaño y
mentira por doquier. Gobiernos...personas...son incoherentes, esclavos de la
hipocrecía. ¿A que se debe este lamentable estado? Pues a que el hombre NO AMA
A DIOS COMO DEBIERA ni mucho menos le conoce; habla de El, algunos recitan las
citas divinas y le rinde culto, pero actúa como si no lo hubiera. En el caso de
algunos cristianos inmersos inmersos en el mundo, dejan de lado la vida eterna:
"Y esta es la vida eterna: que te conozcan a tí, el único Dios
verdadero, y a Jesucristo a quien has enviado" (San Juan 17:3)
A HIPOCRECIA EN LA IGLESIA.
La si,ulación de virtud o devoción,
la hipocrecía religiosa, es la actitud que despierta mayor aversión, pues no
hay circunstancia alguna que obligue a alguien en público o en privado a
simular su devoción a Dios. El hombre ha sido creado por Dios para hablar la
verdad, sin embargo, tras un largo y paciente ejercicio de años "...acostumbraron
a su lengua a hablar mentira ...(Je. 9:5)
El hombre que dice ser seguidor
de Cristo, pretenso observador de la Biblia, pasa de su fuero interior,
estrictamente privado, al exterior cuando manifiesta a través de actos
litúrgicos su supuesta devociòn; si lo hace hipócritamente se opone a Dios.
Quizás manifieste un compromiso religioso y moral, pero esto no es suficiente
para que sea considerado cristiano, dado que en realidad, necesita entregar su
vida en pos de Dios a través de Jesucristo; necesita mostrar coherencia entre
su propia vida y lo que profesa, pues sólo conoce la verdad el que la practica,
el que obra justicia. Todo aquel que así no lo haga y se
limite a repetir verbalmente la experiencia religiosa, ética o
reflexiones de otro y no las propias, es un hipócrita verdadero, dado que copia
la manera de vivir y hablar de otro sin saber si es lo correcto. ¡Qué tamaño
engaño! Hace lo que otros hacen o dice lo que otros dicen, porque cree que está
bien porque así ha sido enseñado sin sentarse a analizar si lo que está
recibiendo está bien. Olvida la obligación de escudriñar "...cada
día las Escrituras para ver si estas cosas eran así..." (Hch. 17:11) dependiendo,
así, entera y exclusivamente del Espíritu del Dios vivo.
Sentado lo anterior, cabe aclarar que
la situación apuntada no se dio ni se da en todo el pueblo de Dios sino, y con
excepciones, en la jerarquía eclesiástica, responsable de edificar a las almas.
Esta "enfermedad silenciosa" ya viene de la época de Jesucristo quien
criticó a los escribas y fariseos porque, entre sus muchos defectos ("por
fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de
hipocrecía e iniquidad" -Mt-23:28) encontramos ceguera ante
sus propias faltas (Mt. 7:5), ante las obras de Dios (Lc. 12:56), ante el
verdadero sentido de los valores (Lc. 13:15), una excesiva valoración de la
tradición humana (Mt. 15:7; 7:6) y una completa ignorancia de las demandas de
Dios (Mt. 23:14-15, 25 y 29). El Señor Jesús resistió en su tiempo a la
jerarquía religiosa por ser mal formadora de la relación hombre-Dios y nosotros
debemos hacer lo mismo.
Como vemos en los Evangelios, el
pueblo no era autosuficiente ni hipócrita, sino que era pobre y necesitado del
diálogo con Dios para discernir el sentido de la vida y de la muerte y tener
paz. Precisaba de la salvación a través de un mediador que fuera la antítesis
de lo que representaban los fariseos: Jesús, el Señor, el saber de Dios
humilde, sincero y misericordioso que reafirma la dignidad del hombre hecho a
imagen y semejanza del Padre de Gloria.
Y esa antigua contraposición entre
fariseos y el Señor Jesús, entre la hipocrecía y la coherencia, sigue viva hoy
día como unidad histórica, religiosa y cultura, especialmente en lo que hace a
los valores.
Sudamérica ha sufrido un
transplante ,para bien o para mal, de distintos valores cubiertos, algunos de
ellos, de un barniz bíblico mezclados con la sangre del Cordero. Y ese proceso
continúa, lamentablemente, a través de la mediación de algunos hipócritas y
desarraigados del Reino, que tratan de cambiar el fundamento, el cual es
Jesucristo (1 Co. 3:11), por la "doctrina" o "método"
personales o importados de otras latitudes.
Hoy el Maestro no está físicamente
pero Dios ha dejado escrito cómo debemos portarnos en estas circunstancias: la
primera epístola a Timoteo, describe el peligro que supondrán los falsos
doctores.
"Pero el Espíritu dice
claramente, que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe,
escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios (enseñadas) por la
hipocrecía de mentirosos que teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán
casarse y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de
gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la
verdad" (1 Timoteo 4:1-3)
Estas palabras inspiradas en el
Espíritu de Dios, dicen claramente que muchos se apartarán definitivamente de
la doctrina cristiana. Y hoy es cuando.
"Pablo atribuye la causa de esta
apostasía a que los aludidos en el pronombre indefinido "algunos"
están escuchando (participio del presente), o más literalmente, se
están adhiriendo (el mismo verbo de 1:4 y 3:8) a espíritus
engañadores (compárese con 1 Juan 1:4-6) y a doctrinas de demonios. No
se trata de dos agencias distintas del error, sino a una sola y pone de relieve
la primera fase, la enseñanza, y la segunda, los maestros del error, ya que, en
último término, los falsos doctores humanos, enseñan doctrinas inspiradas por
los demonios (Comp. con Ef. 6:11-12)" -Comentario Bíblico de Matheu Henry,
Obra completa sin abreviar, Ed. 1999, Clie).
Es decir que a través de la enseñanza
brindada por "falsos doctores humanos", muchos llegan a perderse por
seguir sus mentiras. Acá vemos que lo más importante es reforzar las enseñanzas
bíblicas, la sana doctrina. No se trata de evangelizar y lograr el mayor número
de seguidores, sino de formarlos, "edificarlos en Cristo".
Estamos viviendo en la época
descripta en la Primera Epístola de Timoteo, ya citada anteriormente. Observen,
escuchen con atención y verán cuantas nuevas estrategias se van presentando,
cuántas lindas voces convencen que esto o aquello es lo mejor; cuántos
apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros ponen el acento en SUS
MINISTERIOS y NO EN LA EDIFICACION de los creyentes. Son, como en la época de
Cristo, HIPOCRITAS QUE FORMAN HIPOCRITAS.
SOLO LA GRACIA DE DIOS
Jesús, el Cristo, en todos los
tiempos ha guardado a Su Iglesia. Estemos atentos examinando todo. No hay
recetas para el crecimiento de la Iglesia, pues es el Espíritu Santo el que lo
da, no métodos de hombre. Todo lo que Dios hace y hará es sólo para su Gloria.
Deseamos comunidades de fe firmes en
el Señor Jesucristo, de manera que cuando aparecen nuevos vientos de doctrina o
conflictos no olviden que los primeros cristianos "vendían sus propiedades
y sus bienes y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y
perseverando unánime cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas,
comían juntos, con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y teniendo
favor con todo el pueblo..." (Hch. 2:45-47), recordando además que los
apostoles ante el número de crecimiento de los discípulos "...dijeron: no
es justo que nosotros dejemos la Palabra de Dios para servir a las
mesas...nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra..."
(Hch. 6:2 y 4).
Volvamos a las fuentes puras: los
cristianos perseverando únicamente en el templo y los pastores dedicados
UNICAMENTE a la oración y al ministerio de la Palabra y, seguramente, en
comunidades de fe así constituídas, no habrá lugar para la hipocrecía.
Recordemos que lo importante SIEMPRE
es Cristo, quien contextualizó su palabra en su propia vida para que viéramos
el amor de Dios por cada uno de nosotros, comunicado por el Espíritu Santo en
nuestros corazones recibiendo la capacidad de participar en su vida divina,
liberados del pecado que ante nos dominaba.
Ser miembros de una Iglesia Cristiana
no quita la libertad para hacer el bien o el mal y de hecho, con frecuencia,
ofendemos a Dios y somos, en consecuencia, incoherentes con lo que profesamos.
Eso es escándalo pero no representa LA VERDAD, sino la verdad sobre nosotros
mismos; aunque la hipocrecía o la incoherencia toque nuestras vidas, podemos
lograr una vida de fe mejor, mucho mejor, pero no lo será por nuestros méritos
sino por la gracia de Dios.
Fallamos en nuestro compromiso con
Dios y debemos arrepentirnos por ello, pero también y al mismo tiempo
esforzarnos en "examinar" e "inquirir" diligentemente las
Escrituras para constatar si las doctrinas o enseñanzas que se reciben tienen como
fundamento la Palabra de Dios o algún "método de éxito para ganar al
mundo", pero sin olvidar que somos hombre débiles expuestos a las fuerzas
del mundo, la carne y el demonio, donde la santidad dependerá de la apertura de
cada corazón a la gracia de Dios.
CITAS BIBLICAS.
HIPOCRITAS (En Valera
"IMPIOS")
SE LOS DESCRIBE COMO
mezquinos, Isaías 32:6; ciegos por su
propia voluntad, Mateo 23:17,19,26; jactanciosos de su propia justicia, Isaías
65:5, Lucas 18:11; avaros, Ezequiel 33:31, 2 Pedro 2:3; amigos de hacer
ostentación Mateo 6:2, 5, 16, 23:5; murmuradores, Mateo 7:3,5; acatrando la
tradición más que la Palabra de Dios, Mateo 15:1-3; muy escrupulosos en cuanto
a las cosas insignificantes, pero descuidados en cuanto a las más importantes,
Mateo 23:23,24; que tienen solo apariencia de piedad, 2 Timoteo 3:5; que se
afanan solo por la pureza exterior, Lucas 11,39; que profesan pero no
practican, Ezequiel 33:31,32, Romanos 2:17,23; que rinden sólo el culto de los
labios, Isaías 29:13; que se glorían sólo en apariencias, 2 Corintio 5:12; que
confían demasiado en los privilegios que gozan, Jeremías 7:4; celosos en
apariencia en cuanto a las cosas de Dios, Isaías 58:2; en hacer prosélitos,
Mateo 23:15; que devoran las casas de las viudas, Mateo 23:14; anhelan puestos
altos, Mateo 23:6-7; dañan a otros con sus calumnias, Proverbios 11:9; cuando
están en el poder sirven de escándalo, Job 34:30; en la apostasía abundarán, 1
Timoteo 4:2
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