Una comunidad: La iglesia
Trabajo de
Investigación
Federico O. Reyes Aversa
A. Diferentes definiciones:
Para
tener una idea más clara con respecto a lo que es la iglesia, y qué relación tiene con
el concepto de comunidad,
analizaremos ambas palabras. Empezaremos con
diferentes opiniones provenientes de algunos autores, comentaristas y
diccionarios, que a nuestro modo de ver
nos muestran de una mejor forma lo que
queremos transmitir en el trabajo a realizar.
1. Comunidad
Desde
la antigüedad hasta hoy en día, han existido una gran variedad de comunidades
manifestando diferentes formas de vida de los seres humanos con fines comunes.
Pero debemos notar que algunas de estas comunidades se han diferenciado de
otras por algunas características atípicas en relación a su contexto. Antes de hacer un repaso sobre aquéllas, es
necesario tener un concepto claro del significado de la palabra comunidad, además de un breve estudio al
relacionar esta palabra con el cristianismo.
Según el diccionario Larousse una comunidad es:
“Grupo social
con intereses comunes. Grupo de personas que viven en común para romper las
bases egocéntricas de la pareja y de la familia, en los dominios afectivo y
económico sobre todo. Sociedad religiosa sometida a una regla común”.[1].
En una definición un poco más exacta en cuanto a
etimología y significados varios, encontramos lo siguiente:
Comunidad
(Del
lat. communitas, -atis).
1. Cualidad de común (que, no siendo
privativamente de ninguno, pertenece o se extiende a varios).
2.
Conjunto de las personas de un pueblo, región o nación.
3.
Conjunto de naciones unidas por acuerdos políticos y económicos. Comunidad
Europea.
4.
Conjunto de personas vinculadas por características o intereses comunes.
Comunidad católica, lingüística.
5.
Comunidad autónoma.
6.
Junta o congregación de personas que viven unidas bajo ciertas constituciones y
reglas, como los conventos, colegios, etc.
7.
Común de los vecinos de una ciudad o villa realengas de cualquiera de los
antiguos reinos de España, dirigido y
representado por su concejo.
8.
Levantamientos populares, principalmente los de Castilla en tiempos de Carlos
I.
9.
Entidad territorial que, dentro del ordenamiento constitucional del Estado
español, está dotada de autonomía legislativa y competencias ejecutivas, así
como de la facultad de administrarse mediante sus propios representantes.
Vemos
que no existe una sola definición de comunidad pero, ahora si hablamos de una comunidad cristiana, entonces esto
nos da a entender que dicha comunidad
tiene características y fines diferentes a las de cualquier otra.
Es
importante tener en cuenta que al hablar de comunidad, estamos hablando también
de una relación basada en una comunión,
palabra compuesta que nos da a entender una “común unión”.
Por lo cual también la analizaremos. Para esto haremos uso del Diccionario
Bíblico Certeza en el cual encontramos, sobre la palabra comunión, lo
siguiente: en el N. T esta palabra también se la traduce, en un sentido
básico, como comunicación, participación, contribución, compañía o
común. Es proveniente del gr. cuya raíz
es koin- , y tiene como connotación
fundamental la de participar en algo. Es
así que en N T. su significado puede observarse de tres formas; “tener
participación”, “dar participación” o “compartir”.[3]
Pero no es tan solo el compartir o tener participación, puesto que la Biblia
nos enseña mucho acerca de este tema, debemos tener en cuenta varias
características de una “comunidad que tiene comunión”.
“La comunión implica compartir intereses,
deseos, motivaciones, emociones y objetivos comunes. Requiere compartir tiempo
en comunicarse, ocuparse uno de otro y realizar actividades conjuntas. La
noción de comunión tiene una connotación de intimidad. Como cristianos, tenemos
fraternidad -calidad de hermanos- y por tanto comunión unos con otros debido a
nuestra posición en Cristo, ya que todos somos redimidos y compartimos un
conocimiento íntimo y personal de Jesús. Asimismo, compartimos una fe (Hechos
2:42), una esperanza (Heb. 11:39,40), y una necesidad (2 Cor. 8:1-15).”[4]
Como ya fue mencionado, la palabra comunión implica
varias acciones por parte de aquellos que son integrantes de la comunidad; el
pertenecer nos da determinadas pautas, puesto que no pertenecemos a cualquier
comunidad sino a la comunidad de fe comandada por Dios mismo; por lo tanto, debemos guiarnos en nuestro compromiso de
vida, por la Palabra dada y así reconoceremos cuales son nuestras motivaciones
a la hora de actuar, de accionar por medio de la fe, y cuál la mejor forma de
analizar la Biblia para ver qué claves nos da para una comunión, o mejor dicho a que se refiere exactamente la Biblia
cuando habla de comunión.
Los
creyentes tienen comunión con el Padre y con el Hijo (1 Jn 1:3), con el
Espíritu Santo (2Co.13:13), y unos con otros (1 Jn. 1:7). Por ello deben andar
en la luz, practicar la verdad y purificarse de todo pecado (1 Jn. 1:6-7). El
mismo Dios nos llama a esta comunión de Su Hijo (1Co. 1:9), basada en la
comunión con el sacrificio de Su cuerpo y de Su sangre (1Co. 10:16), yendo
también hasta la comunión de Sus sufrimientos (Fil. 3:10; 1Pe. 4:13). Estando
así unidos al Señor, los primitivos cristianos perseveraban en la comunión
fraternal, teniéndolo todo en común, hasta el punto de ser todos de un corazón
y de un alma... e incluso una sola bolsa (Hc. 2:42, 44-45; 4:32).
Pablo puede exhortar de manera semejante a los
filipenses: «si hay... alguna comunión del Espíritu», a tener un mismo amor,
una misma alma, y un solo y mismo pensamiento (Fil. 2:1-2). Así, la –koinonía-
no es solamente «espiritual», sino que se extiende al dominio de lo más
práctico. De hecho, el mismo término griego significa también –ofrenda- (Rom.
15:26), -ayuda-, -libertad- (2Co. 9:4; 9:13; Heb.13:16). Aparte de esto último,
la comunión no sería más que una entelequia teórica y carente de significado.
El adjetivo –koinonos- significa también –socio- (Luc. 5:10; 2Co. 8:23;
Film.17). Los socios participan en una empresa y/o en unos bienes comunes. De
ahí la utilización del término -koinonos- en las siguientes expresiones: la
parte que tenéis en el evangelio (Fil. 5:1); participantes de la gloria (1Pe.
5:1); participantes de la naturaleza divina (2Pe. 1:4). Hasta ahí llega en
efecto nuestra asociación con Jesucristo. Ello, evidentemente, excluye
cualquier asociación con el enemigo: ¿Qué comunión (tiene) la luz con las
tinieblas? ¿Y qué relación Cristo con
Satanás? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? (2Co. 6:14-15). Pablo le
decía a Filemón: «... que la participación de tu fe sea eficaz en el
conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús» (Film. 6)[5].
II.- ¿Cuándo comenzó la iglesia?
Nos es posible establecer
un momento exacto. Quizá sea mejor decir que la iglesia ha tenido muchos
comienzos. En un sentido, la iglesia comenzó
con el pueblo del pacto, Israel, muchos antes de que Jesucristo entrara
a la historia. La novedad del reino, como Jesús lo enseño, siempre se entiende
en relación con el antiguo orden al que viene a dar cumplimiento.
Jesús no fue meramente el fundador de una
nueva religión ni el creador de otra institución religiosa más. El es el Redentor- el cumplimiento de aquella
comunidad de fieles ya presente en el mundo. “No penséis que he venido para
abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir”
(Mt. 5:17).
En otro sentido, la iglesia comenzó con
la encarnación. La comunidad que comenzó en Israel llegó a ser una nueva
comunidad con la llegada de Jesucristo. La aparición de Dios en la carne marca
un nuevo comienzo para el pueblo de Dios. Sin embargo, la aparición de Jesús en
la historia es inseparable de su actividad en la historia. La iglesia comenzó,
no solamente con el evento de la encarnación, sino con toda la obra de la vida
encarnada de Jesús.
Todas las facetas del
ministerio de Jesús - el llamamiento de los doce, su enseñanza ética, su
respuesta a pecadores y marginados, su crucifixión y la resurrección-
representan un nuevo comienzo para la iglesia. La iglesia comenzó con navidad y
pascua.
Pentecostés, otro de los
comienzos, marcó la confirmación de la vida y enseñanza de Jesús cuando la
iglesia recibió el Espíritu del Cristo resucitado. En Pentecostés, la comunidad
llamada por Jesús recibió el poder para continuar con el ministerio y el mensaje de Cristo en el mundo.
Como dijimos, la iglesia tuvo muchos comienzos.
Comenzó en Israel con el pueblo del
pacto, con la encarnación de Jesucristo, con el llamamiento de los doce y el
ministerio educativo de Jesús. Comenzó con la cruz y el triunfo de la
resurrección de Jesús. Comenzó en el Pentecostés con la poderosa experiencia
del Espíritu Santo. Quizá comience en cada nueva época cuando las personas
descubren por sí mismas a la comunidad de fe. Los orígenes de la iglesia no
están en un evento específico, sino “en toda la acción de Dios en Jesucristo”.[6]
Con
respecto a la palabra “iglesia” podemos observar que muchas veces su
concepto, aun en la comunidad de fe, puede llegar a ser muy limitado y hasta
erróneo. Por este motivo también haremos un breve repaso sobre los diferentes
conceptos que se tienen de esta palabra.
Como en el caso anterior el diccionario Larousse nos proporciona la siguiente
definición:
“Iglesia
(Lat. Ecclesiam, del gr. Ekklesia, asamblea). Sociedad religiosa fundada por
Jesucristo. Conjunto del clero y pueblo de un país en donde el cristianismo
tiene adeptos. Estado eclesiástico que comprende a todos los ordenados del Sumo
Pontífice, concilios y prelados. Comunidad formada por personas que profesan la
misma doctrina: Iglesia católica, Iglesia
ortodoxa. Edificio donde se reúnen los fieles”.[7]
El
diccionario Vine nos proporciona una definición más etimológica de la palabra:
ekklesia
(ἐκκλησία,
1577), (de ek, fuera de, y klesis, llamamiento. de kaleo,
llamar). Se usaba entre los griegos de un cuerpo de ciudadanos reunido para
considerar asuntos de estado (Hch 19.39). En la lxx
se usa para designar a la congregación de Israel, convocada para cualquier
propósito determinado, o una reunión considerada como representativa de la
nación toda. En Hch 7.38 se usa de Israel; en 19.32,41, de una turba amotinada.
Tiene dos aplicaciones a compañías de cristianos, (a) de toda la compañía de
los redimidos a través de la era presente, la compañía de la que Cristo dijo:
«edificaré mi iglesia» (Mt 16.18), y que es descrita adicionalmente como «la
iglesia, la cual es su cuerpo» (Ef 1.22; 5.22), (b) en número singular (p.ej.,
Mt 18.17), a una compañía formada por creyentes profesos (p.ej., Hch 20.28; 1
Co 1.2; Gl 1.13. 1 Ts 1.1; 1 Ti 3.5), y en plural, refiriéndose a las iglesias
en un distrito.
Hay una aparente
excepción en Hch 9.31, donde, en tanto que la rvr
vierte «iglesias», el singular en el original (correctamente vertido por la vm) parece sin embargo señalar a un
distrito; pero la referencia es claramente a la iglesia tal como estaba en
Jerusalén, de donde había justo sido dispersada (Hch 8.1). También, en Ro
16.23, que Gayo fuera «hospedador… de toda la iglesia» sugiere que la asamblea
en Corinto se reunía generalmente en su casa, donde también Pablo moraba[8]
Por
su parte el Nuevo Diccionario de la Biblia[9]
nos define la palabra iglesia de la siguiente manera:
El término griego ekklesia, que se traduce
como iglesia, significa “asamblea, congregación, reunión”.
Originalmente, se usaba para designar una asamblea de ciudadanos reunida para
tratar asuntos comunales o políticos en una ciudad griega. En hebreo había una
palabra similar, kahal, que se empleaba para referirse a una asamblea
hecha con propósitos religiosos. En el período helenístico de la historia de
Israel, la palabra griega que se buscó como equivalente fue sunagögë,
que quiere decir “reunir, juntar”. Cuando se hizo la traducción de la Biblia
hebrea al griego (Septuaginta), donde decía kahal se puso “sinagoga”. Pero
también se traducía como ekklesia, en diversos lugares (“... y en
ellas estaba escrito según todas las palabras que os habló Jehová en el monte...
el día de la asamblea [ekklesia]” [Dt. 9:10]; “No entrará amonita ni
moabita en la congregación [ekklesia] de Jehová” [Dt. 23:3]; “¿Quién de
todas las tribus de Israel no subió a la reunión [ekklesia] delante de Jehová?”
[Jue. 21:5]; “Por tanto, no habrá quien a suerte reparta heredades en la
congregación [ekklesia] de Jehová” [Mi. 2:5]).
De manera que cuando el
Señor Jesús dijo: “... edificaré mi iglesia.” (Mt. 16:18),
la palabra era conocida por los que le escuchaban. La epístola de Santiago,
considerada como de los primeros libros del NT que fueran escritos (entre el 40
y el 60 d.C.), cuando se refiere a una reunión de cristianos usa la palabra sunagögë
(“Porque si en vuestra congregación entra un hombre...” [Stg. 2:2]).
Pero, en general, los autores del NT utilizan el vocablo ekklesia. En
sus orígenes neotestamentarios, este vocablo es paralelo y casi similar a
sinagoga. Ekklesia también se usa para señalar al pueblo de Israel en
Sinaí (“Este es aquel Moisés que estuvo en la congregación [ekklesia] en el
desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí” [Hch. 7:38]). O
para indicar a una muchedumbre (“Unos, pues, gritaban una cosa, y otros
otra; porque la muchedumbre [ekklesia] estaba confusa” [Hch. 19:32];
“... en legítima asamblea [ekklesia] se puede decidir” [Hch. 19:39]). Pero
muy pronto se restringió el uso de la palabra para referirse a la reunión, o
asamblea, o congregación de los cristianos. El término así utilizado tiene sólo
dos sentidos en el NT: uno que habla del conjunto de los cristianos de todos
los tiempos y otro que designa lo mismo, pero con un sentido local, aquellos
que se reúnen en un sitio. A lo primero se le denomina “iglesia
universal”, y a lo segundo “iglesia local”. En ningún lugar del
NT se habla de iglesia refiriéndose a un local o un edificio.
Este es un uso que se aplicó, por extensión, en períodos posteriores. Tampoco
se habla de una iglesia en el sentido regional, o nacional, o
internacional. Cuando los apóstoles escribían a la iglesia que
estaban diseminadas en una región o provincia, les llamaban “las iglesias.”
¿Cómo eran las iglesias
del NT? La primera que conocemos fue la de Jerusalén. Los apóstoles se reunían
en un “aposento alto, donde moraban...”; “... partiendo el pan en las
casas...” (Hch. 1:13; 2:46). Una de esas casas era la de “María la madre
de Juan... donde muchos estaban reunidos orando” (Hch. 12:12), cuando Pedro
estaba preso. Se hacían reuniones en el templo judío (“Y perseverando
unánimes cada día en el templo y partiendo el pan en las casas...” [Hch.
2:46]). La forma del lenguaje parece indicar que las reuniones eran diarias.
Los apóstoles acudían al templo a orar (Hch. 3:1). En efecto, los cristianos
iban a las sinagogas y participaban de sus cultos. Los creyentes de Jerusalén,
cuando oyeron los informes de Pablo acerca de lo que Dios hacía entre los
gentiles, le dijeron: “Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que
han creído; y todos son celosos por la ley” (Hch. 21:20). Fue en el año 90
d.C. cuando los judíos decidieron, con sentido universal, la expulsión de las
sinagogas de todo aquel que confesara que Jesús era el Cristo. Las iglesias de
los gentiles también comenzaron reuniéndose en casas. Se mencionan varios
ejemplos, como el de Priscila y Aquila (“Saludad también a la iglesia de su
casa” [Ro. 16:5; 1 Co. 16:19]), el de Ninfas (“... la iglesia que está
en su casa” [Col. 4:15]) y el de Filemón (“... la iglesia que está en su
casa” [Flm. 2]).
En cuanto al gobierno de
las iglesias, es evidente que los apóstoles asumieron la
dirección de la de Jerusalén. Luego, para ciertos trabajos que les distraían de
la “oración y... el ministerio de la palabra”, se escogieron siete
personas para “servir a las mesas”, surgiendo así lo que se llamó el
oficio de diácono (Hch. 6:1–6). En su trabajo misionero, los apóstoles se
preocupaban de establecer “ancianos en cada ciudad”, esto es, en las iglesias
(Tit. 1:5). Los ancianos, pastores u obispos eran los encargados de dirigir las
iglesia Los que “gobiernan
bien”, decía Pablo, merecían ser sostenidos por la iglesia (1
Ti. 5:17). Aunque la iglesia de Jerusalén no interfería en los
asuntos de las demás iglesias., se reconocía su autoridad moral
por ser la más antigua y por la significación histórica de la ciudad y la
experiencia de sus líderes.
Conjuntamente con la
predicación del evangelio, las iglesias se preocupaban por los
pobres y marginados sociales. En Jerusalén, “vendían sus propiedades y sus
bienes, y los repartían a todos según la necesidad de cada uno” (Hch.
2:45). Los líderes de la iglesia de Jerusalén pidieron a Pablo
que se acordase de los pobres (“... lo cual también procuré con diligencia
hacer” [Gá. 2:10]). Las iglesias gentiles se preocuparon por
ayudar a los necesitados en Jerusalén (“Porque Macedonia y Acaya tuvieron a
bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos en Jerusalén”
[Ro. 15:26]). También tenían la costumbre de ayudar económicamente a las viudas
de su comunidad (“Sea puesta en la lista sólo la viuda no menor de sesenta
años...” [1 Ti. 5:9]) y se ocupaban de los enfermos (Stg. 5:14–15).
El
diccionario Certeza va a decirnos que la
palabra ekklesia (iglesia),
significa “congregación local de cristianos”. Por lo tanto no se está
refiriendo con esta palabra a la estructura (como muchos lo hacen), sino que va
a referirse a una reunión o asamblea,
pero que no tiene característica colectiva. Esta palabra ekklesia era utilizada para designar a una asamblea pública de
ciudadanos debidamente citada. Esta llego a ser característica de todas
aquellas ciudades que estaban fuera de Judea donde el evangelio había sido
plantado (Hch. 19:39). Como ejemplo tenemos los libros de Hechos, Santiago, 3
Juan, Apocalipsis y las primeras epístolas paulinas, en donde cada vez que se
utiliza la palabra iglesia hace referencia a una determinada congregación
local.[10]
Todas
las traducciones que se hicieron de la palabra iglesia en otros idiomas tienen su origen en kuriake, palabra que
proviene de kirios (Señor) y que
se traduce como “pertenecer al Señor”.
Esta
palabra ekklesia es usada por los
escritores bíblicos del Nuevo Testamento unas 114 veces; en Mateo 16:18,
18:17, 23 veces en Hechos,
46 veces en las cartas paulinas, donde el apóstol Pablo emplea esta
palabra para referirse a 1) iglesia en casa, 2) iglesia de lugar o región, 3)
iglesia universal; en Hebreos 12:23 se utiliza esta palabra para referirse a
una congregación.
Debemos
entender, entonces, el concepto de iglesia
como se refiere en Efesios 5:23,24: la iglesia como cuerpo de Cristo; por
consiguiente, toda iglesia local constituye el cuerpo de Cristo.
En la Septuaginta, se utiliza Sinagoge
(llegar juntos) para traducir qahal pero en los libros posteriores de la Biblia
se traduce esta misma palabra como ekklesia (deriva de ek y kaleo que significa
“convocar” ya que para los judíos que hablaban griego tendría el mismo
significado que qahal entendiéndose como la congregación de Israel.[11]
Para poder tener una mejor idea Berkhof
nos da una información más amplia sobre el uso de la palabra iglesia desde el Antiguo Testamento.
Aquí se utilizan dos palabras provenientes
del hebreo: a) qahal(o kahal) derivados de una raíz que esta en desuso qal (o
kal), la cual significa “llamar”; y b) edhah
derivado de ya’adh, que significa
“designar” o “congregarse en un lugar designado”. Cuando vemos la palabra edhah
ésta se refiere a la designación de una
reunión a una sociedad formada por los hijos de Israel o sus cabezas. Y se la
encuentra en los libros de Éxodo, Levítico, Números y Josué. En cambio Qahal da
a entender una reunión donde se reúne todo un pueblo y se la encuentra en los
libros de Crónicas, Esdras y Nehemias.
a. Qahal: Probablemente
emparentado con qōl, voz, designa la convocatoria para una asamblea y
el acto de reunirse y la mejor manera de traducirla sería por Llamamiento.
En la época del Deuteronomio (s. VII a. C.) el qahal designa sobre todo
la comunidad reunida ante el Sinaí para concertar la alianza (Dt. 9:10; 10:4);
se ve distinguida al unírsele el nombre de Yahvé (Cf. espec. Dt. 23:2ss). Por
tanto la palabra designa al grupo llamado por Yahvé, que está obligado a las
leyes dadas por él (mandamientos; Ley), y cuya pertenencia a la alianza de
Yahvé sólo puede ser durable mediante la obediencia. Por consiguiente qahal,
junto a ese carácter de un llamamiento especial, solemne, posee también a veces
un elemento religioso. En época subsiguiente la palabra vuelve a perder su
significado estrictamente religioso (p.ej. 1 Re. 8:65; 12:3ss) y se la entiende
sencillamente como la asamblea general del pueblo. En Ezequiel, donde
esta la palabra se encuentra 15 veces, se la emplea sin ningún contenido
religioso, adquiriendo el sentido de ejército, tropa, incluso referida a
los a los no israelitas (Ez. 17:17; Egipto: 27:27: Tiro; 32:22: Asiria). En 1-2
de Crónicas, qahal se encuentra tanto en un sentido representativo para denominar
la asamblea de los caudillos de Israel, convocada por el Rey para tomar
decisiones religiosas (traslado del arca 1 Cr. 13:2-4) y políticas (1 Cr.
29:1-10), como para designar la multitud reunida para la fiesta y los
sacrificios. En otras partes se la encuentra en sentido cuantitativo (p. ej.
Gn.28:3; 35:11). De esta manera, en cuanto al significado, qahal abarca
desde llamamiento para el servicio bélico hasta la asamblea cúltica, pasando
por las reuniones políticas o las
sesiones de justicia.[12]
b. ’Edhah: (la mayoría de las veces sin una superior determinación,
aunque en ocasiones se le añade “Israel”. Por ejemplo, en Ex. 12:3; Nm. 16:9 y passim,
o “de los hijos de Israel”,(en Ex. 16:9; Nm. 1:2; Lv. 4:13; en total 27 veces)
denota al pueblo (‘am) reunido ante el ohel mo ‘ed, la tienda de
reunión, es decir, la “del encuentro” (Ex. 33:7ss) pueblo que es de la alianza, y por tanto de la ley, representado por sus hombres. Esta
palabra ’edhah (proyectada
retrospectivamente en la época del desierto), está dividida en tribus, linajes
y parentelas, y es dirigida por los ancianos, los jefes y los príncipes. Así,
pues, la Palabra encierra el concepto de corporación, haciendo énfasis no
tanto, en la suma de los individuos (la multitud), sino en la unidad formada por la comunidad. La ’edhah, la comunidad
(L), parece quedar constituida al ser convocada para el éxodo y para la
solemnidad de la Pascua (aparece por primera vez en el texto actual en Ex.
12:3; así también en 12:6, vemos la expresión qehal’edhah de Israel, una
combinación de ambas palabras), en la
cual Israel se nos muestra como comunidad.
En algunas ocasiones la palabra sirve
prácticamente para designar al pueblo como comunidad en todas sus funciones, de
las que aún las más profanas no dejaban de tener relación con la ley y el
santuario. La ’edhah no está vinculada a una tierra o un lugar
determinado: La generación del desierto no la poseía todavía y la generación
del exilio la había perdido. La tienda y el arca son el símbolo y la fuente de
aquella obediencia a la ley, que caracteriza fuertemente a la comunidad
posterior al exilio. Por eso no se encuentra ’edhah (a diferencia de qahal)
más que aplicado a Israel, y tampoco necesita ningún calificativo especial;
solo en cuatro ocasiones se le añade al nombre de Yahvé. Los pasajes en que
aparece el sufijo personal para expresar la ’edhah de Coré (Nm. 16:5),
recalcan precisamente el carácter ilegítimo de las pretensiones de ese grupo:
’edhah es siempre la totalidad y por tanto no tolera formación de sectas.[13]
También vemos que
’Edhah es
propiamente una reunión por medio de designaciones, y cuando se aplica a
Israel, denota la sociedad misma formada por los hijos de Israel o por sus
cabezas representativas, estuvieran o no reunidos en asamblea. “’Edhah es la
comunidad que se reúne para una ceremonia religiosa”[14]
’Edhah, fue traducida como sinagoge (llegar juntos) en la Septuaginta y se usa 225 veces, aunque qahal también fue traducida a veces con la
misma palabra. Pero en los libros posteriores de
la Biblia se traduce esta misma palabra como ekklesia, derivada de ek y kaleo
, “convocar”, ya que para los judíos que hablaban griego tendría el mismo
significado que qahal, entendiéndose
como la congregación de Israel.[15]
Se describe entonces a
Israel como una iglesia en el sentido de que se trataba de una nación llamada o
convocada de entre otras naciones para que fuera sierva de Dios. Hechos 7:38.
Cuando el AT. fue traducido al griego,
el vocablo “congregación” de Israel fue traducido “ekklesía” o la iglesia. Israel era entonces la congregación o iglesia de
Jehová. Después de su rechazo por la
iglesia judía, Cristo predijo la fundación de la nueva congregación o iglesia,
una institución divina que debe continuar su obra en la tierra. Mateo 16:18.
Esta es la iglesia de Cristo, que comenzó a existir el día de Pentecostés. [16]
Así el “Qahal Yahveh” es
el “Pueblo Escogido” de Dios. Y tiene una gran importancia para nosotros,
puesto que el Nuevo Testamento empalma con el judaísmo tardío o
“re-interpretado” después de la cautividad. El que hubiese perdido su soberanía
política da a este judaísmo unas características peculiares. Tenemos también el
caso de los esenios, según nos lo han descubierto los textos de Qunram,
los cuales forman su propio “edhah”, creyéndose el verdadero “qahal”, como
resto fiel que se retira al desierto y ya no cree en el templo ni en el
sacerdocio oficial, creándose su propia
jerarquía y su propio sacerdocio. [17]
Por otra parte, al
entender que ella era el pueblo de Dios, la iglesia primitiva obtuvo una
poderosa identidad histórica en el pasado, un sentido de continuidad con
el presente y una conciencia profética hacia el futuro.[18]
III.- ¿Cuál es la misión de la Iglesia?
Después de
conocer las diferentes definiciones, podemos decir: que la iglesia no es una institución, sino una entidad sobrenatural que
está en proceso de crecer hacia el mundo venidero. Es la esfera de acción
del Señor resucitado y exaltado. Todos sus miembros están en Cristo y están
unidos unos a otros por una relación sobrenatural. Todos sus dones y
actividades son la continuación de la obra de Cristo por el poder del Espíritu
Santo, se originan en Cristo y son coordinados por él hacia la meta final.
Entonces la iglesia aparecerá en la era venidera como el pueblo de Dios unido en
una congregación ante el trono, como la ciudad celestial—la nueva Jerusalén[19].
Por otra parte, nuestro Señor Jesucristo es el sol alrededor
del cual gira toda la misión de la iglesia. El culto público es el encuentro
del Redentor resucitado con su pueblo; el evangelismo es llamar a los hombres
al Salvador; publicar la ley del Señor es proclamar su soberanía; la nutrición
cristiana es alimentar a sus corderos y disciplinar a su rebaño; ministrar a
las necesidades de los hombres es continuar la labor del gran Médico.
Cristo debe ser reconocido como el Señor y como el
único Rey de Sion en toda la labor y testimonio de la iglesia. Lo que concierne
a la iglesia es obedecer su voluntad y proclamar su reino, no el de ella.
Porque Dios lo ha establecido en aquel trono del cual David era tipo (Is.
9:6–7: Lc. 1:26–35; Hch. 2:25–36). Él ha sido entronado con toda autoridad para
que pueda dar arrepentimiento y perdón de pecados (Mt. 28:18; Hch. 5:31).
Gracias a su intercesión, su pueblo tiene acceso al trono de gracia para
alcanzar misericordia y oportuno socorro en tiempo de necesidad. Toda
misericordia recibida de Cristo, todo consuelo del Espíritu, toda certeza del
amor del Padre es un testimonio para la alabanza de la gloria de Dios. Y la
iglesia es este testimonio, la evidencia concreta de la gracia del Señor
Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo[20].
Así la misión de la
Iglesia gira en torno a Jesucristo, sin embargo pretendemos ahora definir la
misión de la iglesia en términos más teológicos, cuestión que es difícil de
consensuar: por este motivo que leemos.
“Si hubo una
época en la que existió un consenso en cuanto a la misión de la iglesia, hace
mucho que esta paso…varios escritores toman nota de la polarización de
conceptos dentro de la iglesia protestante: Beyerhaus, 1971, 1972; Mcgavran
1977, Stott 1975, Krass, 1974, Braaten, 1977; Costas 1977, 1974; Anderson 1961;
Verkeyl, 1978. Desarrollar una teología sobre la
evangelización o aun de la misión de la iglesia
no se puede lograr buscando sencillamente un consenso entre los
eruditos o –mucho menos- entre los que
realizan la evangelización”[21]
En el periodo clásico,
generalmente se entendía la expresión “las misiones”, como todo lo que tuviera
que ver con el trabajo misionero que se hiciera en otro país. Pero esto fue
cambiando, de modo que ahora nos referimos a “la misión” como la tarea de la
Iglesia y las “misiones” como el nombre que se le aplica a las agencias y
actividades que tengan que ver con la implementación de tal tarea[22].
Para tener una comprensión
mucho más amplia de lo que es la misión leemos a Bosh y sus trece puntos de
análisis de la misión:
1.
Propongo que la fe cristiana es intrínsecamente misionera. No es la única
creencia que es misionera. Antes bien, comparte esta característica con varias
otras religiones, notablemente con el islamismo y el budismo, al igual que con
una variedad de ideologías como el marxismo (cf. Jongeneel 1986:6s). Las
religiones de índole misionera tienen un elemento en común que las distingue de
las ideologías misioneras: todas «creen haber presenciado la eliminación del
velo que cubría una verdad primordial de gran significado universal»
(Stackhouse 1988:189). La fe cristiana, por ejemplo, percibe a «todas las
generaciones de la tierra» como objetos de la voluntad salvífica de Dios y de
su plan de salvación o, en términos neotestamentarios, considera que el «Reino
de Dios» ha venido en Jesucristo como algo destinado a «toda la humanidad »
(cf. Oecumenische inleiding 1988:19). Esta dimensión de la fe cristiana no es
opcional: el cristianismo es misionero
por su misma naturaleza, de otro modo niega su misma raison d’ótre.
2.
La misionología, como una rama de la disciplina denominada teología cristiana,
no es una empresa desinteresada o neutral: busca una cosmovisión que abarca un
compromiso con la fe cristiana (ver también Oecumenische inleiding 1988:19s).
Tal acercamiento no implica la ausencia de crítica en el proceso de investigar;
de hecho, precisamente por causa de la misión cristiana, será necesario sujetar
cada definición y cada manifestación de la misión cristiana a un análisis y una
evaluación rigurosos.
3.
Nunca, entonces, podremos pretender delinear con precisión o exceso de
confianza el concepto de misión. Al fin y al cabo, la misión no admite definición;
no debe ser encerrada dentro de los estrechos confines de nuestras
predilecciones. Lo mejor que podemos esperar es formular algunas aproximaciones
a lo que la misión abarca.
4.
La misión cristiana expresa la relación dinámica entre Dios y el mundo, en
primer lugar a través del relato del pueblo del pacto, Israel, y más tarde en
forma plena a través del nacimiento, muerte, resurrección y exaltación de Jesús
de Nazaret. Una fundamentación
teológica para la misión, dice Kramm, «será posible si nos remontamos
continuamente a la base de nuestra fe: la autocomunicación de Dios en
Jesucristo» (1979:213).
5.
No podemos utilizar la Biblia como una cuenta bancaria de verdades sobre la
cual podemos girar al azar. No existen «leyes de misión» inmutables y objetivamente
correctas, a las cuales tenemos acceso al hacer exégesis de la Escritura, que
nos provean de planos aplicables a cualquier contexto. No hay una continuidad
ininterrumpida entre nuestra práctica misionera y el testimonio de las
Escrituras; de hecho, la misión es una empresa que se ejecuta en el contexto de
la tensión entre la providencia divina y la confusión humana (cf. Gensichen
1971:16). La participación de la Iglesia
en la misión es un acto de fe sin garantía en el mundo.
6.
La totalidad de la existencia cristiana debe caracterizarse como existencia
misionera (Hoekendijk 1967a:338) o, en palabras del Concilio Vaticano II, «la
Iglesia en la tierra es misionera por naturaleza» (AG 2). Por lo tanto, es
redundante hablar de un «evangelio universal» (Hoekendijk 1967a:309). La Iglesia empieza a ser misionera, no a
través de su proclamación del evangelio, sino por la universalidad del
evangelio proclamado (Frazier 1987:13).
7.
Teológicamente, la «misión foránea» no existe como ente separado. La
naturaleza misionera de la Iglesia no sólo depende de la situación en la cual
se encuentra en un momento determinado, sino que se fundamenta en el evangelio
mismo. La justificación y el fundamento para cualquier misión llevada a cabo en
el extranjero o en territorio nacional «radican en la universalidad de la
salvación y la indivisibilidad del Reino de Cristo» (Linz 1964:209). La
diferencia entre misión nacional y misión al extranjero no es de principios
sino de alcance, por lo cual repudiamos enteramente la doctrina mística de «las
aguas saladas» (Bridston 1965:32); es decir, la idea de que el viajar a otro
país es el sine qua non para cualquier tipo de actividad misionera, la
prueba definitiva y el criterio final para evaluar si un proyecto es
verdaderamente misionero (:33). Godin y Daniel publicaron en 1943 un estudio
serio que fue el primero en destruir este «mito geográfico» (Bridston) de
misión: presentaron evidencias contundentes de que Europa también era un «campo
misionero». Su libro, sin embargo, se quedó corto. Al concepto de misión como
la primera predicación del evangelio a un grupo de paganos, añadió la idea de
misión como una nueva presentación del evangelio a los neopaganos. Siguió
definiendo misión, no en términos de su naturaleza sino con referencia a sus
oyentes, lo cual supone que una vez (re)introducido el evangelio a un grupo de
personas, la misión de hecho ha concluido.
8.
Es esencial distinguir entre misión (singular) y misiones (plural).
La primera se refiere básicamente a la missio Dei (la misión de Dios),
es decir, a la autorevelación de Dios como el que ama al mundo; el compromiso
mismo de Dios en este mundo y con este mundo; la naturaleza y la actividad de
Dios que abarca a la Iglesia y al mundo, y en la cual la Iglesia tiene el
privilegio de participar. Missio Dei enuncia las buenas nuevas de que es
un «Dios para el pueblo». El término misiones (las missiones
ecclesiae: los proyectos misioneros de la Iglesia), se refiere a modos
particulares de participación en la missio Dei, relacionados con
períodos, lugares y necesidades específicos (Davies 1966:33; cf. Hoekendijk 1967a:346;
Rütti 1972:232).
9.
La tarea misionera es tan amplia, profunda y coherente como las necesidades y
exigencias de la vida humana (Gort 1980a:55). Desde la década del cincuenta,
varios congresos internacionales empezaron a formular este concepto en términos
de «toda la Iglesia que lleva todo el evangelio a todo el mundo». Toda persona
se desenvuelve en medio de una serie de relaciones; por lo tanto, divorciar la
esfera espiritual o personal de la material y social es señal de una
antropología y una sociología falsas.
10.
Por consiguiente, la misión es el «sí» de Dios al mundo (cf. Günther
1967:20s.). Al hablar de Dios, implícitamente se trae a colación el mundo como
el escenario de la actividad divina (Hoekendijk 1967a:344). El amor y la
atención de Dios se dirigen primordialmente hacia el mundo, y la misión es
«participar en la existencia de Dios en el mundo» (Schütz 1930:245). En nuestra
época, el «sí» de Dios se revela, en gran parte, a través de la participación
misionera de la Iglesia en las realidades de injusticia, opresión, pobreza,
discriminación y violencia. Cada vez más nos encontramos en una situación apocalíptica
en la cual los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres; donde la
violencia y la opresión, tanto de la derecha como de la izquierda, aumentan. La
Iglesia-en-misión no puede cerrar los ojos ante semejante realidad porque «el
modelo de la Iglesia en medio del caos de nuestros tiempos es político hasta
los tuétanos» (Schütz 1930:246).
11.
La misión incluye la evangelización como una de sus dimensiones
esenciales. La evangelización es la proclamación de la salvación en Cristo a
los que no creen en él, que los llama al arrepentimiento y la conversión, que
les anuncia el perdón de pecados y los invita a ser miembros vivientes de la
comunidad terrenal de Cristo, iniciando así una vida de servicio a otros en el
poder del Espíritu Santo.
12.
La misión es también el «no» de Dios al mundo (Günther 1967:21s). Anteriormente
propusimos que la misión es el «sí» de Dios al mundo. Nos basamos en la
convicción de que hay continuidad entre el Reino de Dios, la misión de la
Iglesia y las necesidades de justicia, paz y plenitud en la sociedad, y que la
salvación abarca todo lo relacionado con las personas en este mundo. Sin
embargo, la provisión de Dios en Jesucristo, y aquello que la Iglesia proclama
y encarna en su misión y evangelización, no debe limitarse simplemente a lo
mejor que se puede esperar en este mundo en términos de salud, libertad, paz y
ausencia de pobreza. El Reino de Dios rebasa el concepto del progreso humano en
el plano horizontal. Entonces, si por un lado afirmamos el «sí» de Dios al
mundo como una expresión de la solidaridad del cristiano con la sociedad,
también tenemos que afirmar la misión y la evangelización como el «no» de Dios,
como la expresión misma de nuestra oposición al mundo y, a la vez, nuestro
compromiso con él. Si el cristianismo llega a mezclarse con movimientos
sociales y políticos hasta el punto de identificarse completamente con ellos,
«la Iglesia volverá a ser lo que llamamos una religión de la sociedad… Pero
¿puede la Iglesia del hombre crucificado de Nazaret convertirse en una religión
política, sin olvidarse de él, y sin perder su identidad?» (Moltmann 1975:3). Sin
embargo, el «no» de Dios al mundo no encierra ningún dualismo, como tampoco el
«sí» de Dios implica una continuidad ininterrumpida entre este mundo y el Reino
de Dios (cf. Knapp 1977:166–168). Por lo tanto, ni una iglesia secularizada (es
decir, una iglesia preocupada únicamente por las actividades y los intereses de
este mundo) ni una iglesia separatista (es decir, una iglesia involucrada
únicamente en la tarea de ganar almas y prepararlas para el más allá) puede
articular fielmente la missio Dei.
13.
Podríamos describir a la Iglesia-en-misión haciendo uso de los conceptos de
sacramento y señal. Es una señal en el sentido de ser indicador,
símbolo, ejemplo o modelo; es un sacramento en el sentido de mediación,
representación o anticipación (cf. Gassmann 1986:14). La Iglesia no es idéntica
al Reino de Dios, pero tampoco es ajena a él; es «un anticipo de su venida, el
sacramento de sus expectativas para la historia»
(Memorándum
1982:461). Vive en una tensión creativa: ha sido llamada a salir del mundo al
mismo tiempo que es enviada al mundo; desafiada a actuar como el terreno
experimental de Dios en el mundo, un fragmento del Reino de Dios, mostrando «las
primicias del Espíritu» (Ro. 8:23) como «las arras» de lo venidero (2 Co. 1:22)[23].
Mateo, más que los otros escritores de
los evangelios, destaca la importante relación y contacto que existía entre
Jesús y las multitudes de su tiempo. Algunas concordancias registran esta
palabra o sus derivados más de cuarenta veces en su libro. La actitud de Jesús
era clara e inconfundible: vio las multitudes y su desesperante condición espiritual,
sintió compasión por ellas, y actuó decididamente para suplir sus necesidades.
Mandó a sus discípulos que rogaran pidiendo más obreros, sanó a los enfermos,
multiplicó los peces y panes para alimentarlas, envió a sus discípulos a
proclamar el Reino en las poblaciones donde vivían.
También a través de estas actividades
procuró transmitir a sus discípulos su visión, compasión y acción. El relato de
las ocasiones en las cuales multiplicó los panes aparece seis veces en los
cuatro evangelios, y casi en cada ocasión Jesús ordenó a sus seguidores que le
dieran de comer al pueblo allí reunido. Los discípulos en todos los casos
mostraron la tendencia muy humana de eludir la responsabilidad. Jesús tenía y
tiene interés en las multitudes, y su voluntad es que sus seguidores sientan lo
mismo que Él.
IV.- Estrategias de evangelización
Según Bosh la misión llega indefectiblemente a
la evangelización, ahora bien ¿qué estrategias son utilizadas para esto y el
desarrollo de la iglesia de una manera sana?
“Nuestra
iglesia lleva a cabo la evangelización, ante todo mediante el sistema de los
grupos familiares. Cada grupo se convierte en un núcleo de avivamiento en su
propio barrio, porque es en el grupo donde se puede encontrar verdadera vida
dentro del vecindario… los incrédulos sienten curiosidad, desean saber porque
ese pequeño grupo de cristianos esta tan alegre a pesar de los muchos problemas
que le rodean”[24]
De esta manera podríamos
observar cómo era que Jesucristo atraía a las multitudes: los amó (Mt. 9. 36),
satisfizo sus necesidades (Mt. 15.30) y les enseñó de maneras prácticas e
interesantes (Mr. 10. 1 y 12. 37).
Amar a los incrédulos es
la llave para el crecimiento de la iglesia que más se pasa por alto. Si no
tenemos su pasión por los perdidos no podremos hacer los sacrificios necesarios
para alcanzarlos.
Muchas veces Jesús
satisfacía una necesidad con el fin de abrir una brecha para el evangelismo en
la vida de la persona… con frecuencia le preguntaba a la gente ¿Qué quieres que
te haga? Dios usa toda clase de necesidades humanas para captar la atención de
la gente.
Generalmente Jesús
enseñaba como respuesta a una pregunta o a algún problema apremiante de alguien
en la multitud… su predicación tenía un sentido inmediato, siempre era
relevante y apuntaba a un objetivo de momento. Apuntaba a la aplicación por que
su meta era trasformar a la gente, no meramente infórmalos[25].
En algunos otros casos otros insisten
en apartarse de la cuestión discipular y apunta a la masificación de público
defendiendo su postura de la siguiente manera:
“Creo que una de las razones por las que
no tenemos avivamientos es debido a que nuestras campañas son demasiado cortas.
No le damos tiempo al espíritu para que obre tiene que haber tiempo para
sembrar la semilla y luego para la siega de la cosecha… estamos ansiosos de ver
una cosecha antes de haber puesto una semilla en la tierra, lo que,
evidentemente es imposible[26]
Sin
embargo, leemos los antecedentes Bíblicos que apuntan al discipulado
Siendo
todos de antecedentes judíos, la actividad de la adoración en público, la
lectura de las Escrituras, la predicación y la oración les recordaba el patrón
que habían seguido en sus antiguos cultos en las sinagogas. Era cosa natural
para ellos considerar la probabilidad de que Dios deseara que continuaran con
ese mismo modelo. Este consistía en una fusión cuádruple ya que debía ser una reunión para la adoración, una familia para
la comunión, un organismo para un alcance evangelistico vigoroso y una escuela
para preparación de discípulos. Cuando se presentó la necesidad de nuevas
pautas de organización, se comprobó que la voluntad de Dios comprendía el uso
de diáconos y ancianos, cada uno con una esfera de responsabilidad diferente,
ya fuera en lo espiritual o en lo material[27]
De
esta manera y siguiendo la evangelización como medio de crecimiento de la
Iglesia, se debe hacer hincapié en los siguientes puntos.
1.-
La iglesia de Cristo puede y debe crecer, y si no crece, tampoco puede cumplir
los otros aspectos de su mandato divino. El crecimiento es una ley de la vida.
Si el organismo no crece o no reproduce, es evidente que esta enfermo o aun
moribundo. Al fin y al cabo una iglesia que no es capaz de ganar individuos no
será capaz de cambiar la totalidad de individuos que componen la sociedad.
2.- El espíritu de Dios es quien
hace crecer la iglesia. “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían
de ser salvos” (Hechos 2. 47). Cualquier plan o estrategia meramente humano que
pretende lograr el crecimiento aparte del poder divino, es idolatría y merece
fracasar.
3.- El Espíritu utiliza a los
creyentes como instrumentos para lograr el crecimiento y promete sabiduría a
los que le piden.
4.- El crecimiento numérico es un
solo aspecto del desenvolvimiento total de la iglesia. Si no va acompañado por
las otras señales de desarrollo, de por sí es un desarrollo en vano[28].
De
esta manera lo inicialmente definido como iglesia y comunidad de fe podrá ser
encarnado de una manera sana que solo pretenda el crecimiento por el simple
hecho que la evangelización es un mandato.
MATEO 28. 19-20
“Id,
pues, y haced discípulos
de todas las naciones ,
bautizándolos en el nombre del Padre
y del Hijo y del Espíritu Santo,
enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con
vosotros
todos los días, hasta el fin del mundo”
.(Biblia de las Américas) .
Que Dios nos
ayude a cumplir con su palabra.
Conclusión.
Hemos
investigado las diferentes definiciones de Iglesia-comunidad de fe, lo cual nos
ha permitido conocer la historia bíblica y sus implicancias.
Por
otra parte, hemos analizamos la perspectiva teológica de la iglesia y la misión,
reconociendo puntos referentes a seguir. De esta manera y habiendo definido la
misión, nos enfocamos a las formas de “estrategias” que fueron más que nada
nombradas en términos discipulares y de grupos pequeños, finalizando con los
puntos claves para un sano crecimiento de la iglesia misionera.
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[7] Diccionario Larousse Ilustrado, Agrupación Editorial S.A., Bs. As.
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[8]Vine,
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[9] Alfonso
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[10] F. F Bruce y otros, Nuevo
Diccionario Bíblico Certeza, Certeza Unida, Barcelona, 2003
[11] L. Berkhof, Teologia Sistematica,
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[12] Lothar Coenen-Erick Beyreuther-Hans Bietenhard, Diccionario Teológico Ediciones
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[13] Lothar Coenen-Erick Beyreuther-Hans Bietenhard, Diccionario Teológico Ediciones
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[15] L. Berkhof, Teologia Sistematica,
T.E.L.L., E.E.U.U., 1988, pag. 662,663
[16] Myer Pearlman, Teología Bíblica y sistemática, Editorial Vida,
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[18] Hill J. Leonard, La naturaleza de la iglesia, Casa Bautista de
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[19]Harrison, E. F., Bromiley, G. W.,
& Henry, C. F. H. (2006). Diccionario de Teología (304). Grand Rapids, MI: Libros Desafío
[20]Harrison, E. F., Bromiley, G. W.,
& Henry, C. F. H. op. cit. pag 305.
[21] Edward Dayton y David Fraser, Plannig strategies for world evangelization.
Grand Ripids, Eerdmands,1980. Pág. 56, citado por Juan
Carlos Miranda, manual de
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1985, Pág. 36.
[22] Juan Carlos Miranda, Op. Cit, Pág. 36.
[24] Paul Yonggi Cho, los grupos
familiares y el crecimiento de la iglesia, ed. Vida, Florida, 1990. Pág.
73-75.
[25] Rick Warren, Una iglesia con propósito, Ed. Vida,
Miami, 1998, pág. 215-236.
[26] Oswald j. Smith, Pasión por las
Almas, ed. Portavoz, Michigan 1984,
Pág. 138-139.
[27] Glasser Arthur f. “The missionary
task: an Introduction”, en crucial dimensions in world evengelization. Wiliams Carei library, Pasadena, CA, 1976, pág. 6-7 citado por Jonatan
P. Lewis, Misión Mundial tomo 1, ed. Unilit, Miami,
1990, Pág. 107-108.
[28] Donal R. Kammerdiener, El
crecimiento de la iglesia ¿Qué es y como lograrlo?, Ed. Casa Bautista de Publicaciones, 1975, pág.
9-10.
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