miércoles, 22 de julio de 2020


EL CRISTIANISMO COMO MOVIMIENTO
LA OPCIÓN DEL CRISTO POR LOS POBRES.

La sencillez de corazón de los primeros cristianos nos hace ver que ellos tenían una correcta imagen de la extraordinaria personalidad de Jesús gracias a Su ejemplo, el cual recibieron y  transmitieron; dicha imagen los movía llenos de fe a dar su vida como mártires durante todo el tiempo que duró su persecución, como sucede hoy día dentro de la cristiandad copta.
En occidente tenemos amplia libertad de culto, pero estamos lejos de practicar la verdadera doctrina del Cristo, pues el cristianismo evangélico ha resultado en un sincretismo producto de la unión de la doctrina de la Iglesia Católica y la Reforma que se ha alejado del movimiento de fe que inició Jesús con la prioridad de los pobres.
¿Cómo retornar al camino y mantener la sana doctrina de Jesús? Pues, primeramente, como hombres y mujeres piadosas, dedicarnos a orar sin cesar, rendir culto a Dios y estudiar la Biblia profunda y concienzudamente, sosteniendo el ejemplo del Maestro de tener en mente las Sagradas Escrituras y citarlas cada vez que seamos interpelados para dar razón de nuestra fe. Y en segundo lugar: vivir de manera coherente con lo que creemos y predicamos.
Pero, lamentablemente, cuesta poner en práctica la doctrina de Jesús y día a día la iglesia institución pierde autoridad y la oportunidad de tener favor con todo el pueblo.
Recordamos que el movimiento de Jesús en sus inicios fue seguir al que no tenía un lugar donde recostar la cabeza y que mantenía como constante la preferencia por los marginados y oprimidos; esa preferencia de Jesús lo llevó al punto de ser Él mismo un marginado. Siguiendo Su ejemplo, la cristiandad de hoy debería servir y atender, proteger a los pobres. Jesús dice:

“…Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; 36 estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 37 Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? 38 ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? 39 ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? 40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mt.25)

Al igual que en los tiempos de Jesús, hoy los pobres, marginados y oprimidos en el mundo son una mayoría considerable, pero los vemos como necesarios para mantener la sociedad cuando en realidad son una terrible contradicción con la esencia del cristianismo. ¿Será que priorizamos intereses personales o institucionales a la justicia y misericordia pregonadas con las palabras y obras del Maestro? ¿Será que se ama más las comodidades que brinda la sociedad?

Uds. tienen la respuesta, pero no se puede negar la realidad sentada frente a la vista de todos: el mensaje que se predica es uno y la práctica es otra. 


"Ten cuidado de tí mismo y de la doctrina, persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a tí mmiso y a los que te oyeren" (1 Ti. 4:16)


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